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Viajes

¡Sí, lo hicieron!: Ellos largaron TODO y se fueron a recorrer la ruta 40 con su perro

Actualizada 01/12/2016 07:52

Flor y Baldomero se pudrieron de sus laburos, renunciaron, cargaron a Sheng Long en el auto y bye bye!!! 15 mil kilómetros de placer e historias.

El 14 de octubre de 2015, Florencia y Baldomero salieron de viaje: querían recorrer la ruta 40 en auto, desde Santa Cruz hasta Salta, con Sheng Long, un perro negro divino, cruza de pitbull y labrador.

Antes, renunciaron a sus trabajos y cargaron el auto hasta arriba con una carpa grande para los tres, bolsas de dormir, aislante, garrafa, mil ollitas, computadora y cámara de fotos.


EL PRIMER PASO: TOMAR LA DECISIÓN

“Siempre habíamos tenido ganas de viajar. Podríamos haber empezado por cualquier lado, pero queríamos conocer bien la Argentina antes de ir a otro país”, le cuenta Florencia a UNO.

En Buenos Aires los dos tenían buenos trabajos y muchas vacaciones, pero la pasaban mal.

“Las vidas que estábamos teniendo no nos cerraban. El viaje terminó siendo una búsqueda interna en la que nos preguntamos un montón de cosas”, dice.

Para compartir fotos y microrrelatos (Flor es periodista) armaron un blog que se llama “Cualquier otra parte”, porque por ahora quieren estar en cualquier lugar que no sea Buenos Aires.


ON THE ROAD

Pensaron salir en bici, pero Sheng Long es gigante: con 45 kilos era imposible cargarlo en un carrito.

Decidieron hacerlo en auto, pero para eso necesitaban más plata, para la nafta y los arreglos.

Tardaron un año en ahorrar y otro año en recorrer (casi) todo el país: salieron de Buenos Aires e hicieron, completas, la ruta 3, la 40 y después la 9, ¡15.000 kilómetros en total!

Y Flor no maneja, así que todo lo hizo Baldo, mientras ella le cebaba mate y Sheng Long iba despatarrado en el asiento de atrás.

En total conocieron trece provincias: Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Neuquén, Mendoza, San Juan, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Jujuy, Salta y Santiago del Estero.


HAY QUE PASAR LA NOCHE

Lo más complicado del viaje fue encontrar lugar para dormir con el perro. Al principio del recorrido, cuando llegaron a Río Gallegos un día de muuucho frío, se encontraron con que en ningún lado aceptaban mascotas:

“De repente vimos un cartel que decía “camping” y nos metimos por un caminito hasta que llegamos a la casa de una señora que no sólo nos dejó poner su carpa en el patio sino que nos invitó a dormir adentro, con Sheng Long. Al otro día nos hizo el desayuno con pan casero y cuando nos fuimos no nos quiso cobrar”

Estas cosas les cambiaron las cabezas.

Flor venía bastante desconfiada de Buenos Aires y en el viaje se cruzó con mucha gente buena onda que le ayudó a perder el miedo.

Armaron la carpa en bosques, vagones de tren abandonados, campings municipales y mientras avanzaban fueron dejando cosas atrás, para viajar más livianos.


EL DÍA QUE NO ENCONTRABAN A SHENG LONG

Viajar con el perro está re bueno, ya no me imagino hacer un viaje que no esté él, porque lo disfrutaba más que nosotros”, dice Flor.

Sheng Long ya no es cachorro y se portó bien todo el trayecto. Una sola vez, en La Rioja, casi lo pierden:

“Fue en Chilecito, subimos a un cerro y como veníamos de muchas horas de viajar le abrí la puerta del auto para que saliera. Fue un segundo entre que bajó, vió a un grupo de cabras y salió corriendo atrás de ellas. Lo perdimos en medio del valle y no podíamos encontrarlo. Estuvimos como una hora y media llamándolo y nada. Por suerte al rato apareció, súper cansado, con algunos rasguños y una pierna que le dolía pero nada grave”

De estas, hay muchas anécdotas. Las podés ver en su blog.

Ellos dicen que hasta que no den la vuelta al mundo, no van a parar.