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Viajes

Este grupo de amigos largó todo y se armó su propia comunidad 👍

Actualizada 21/09/2017 07:27

Un grupo de amigos se va de vacaciones a un lugar increíble donde la vida no tiene nada que ver con la rutina de ciudad a la que están acostumbrados. Se quedan tan flasheados que prometen largar todo y mudarse.

Hasta ahí, la historia suena similar a otras tantas, suena a una de esas promesas que nunca se cumplen. Pero este grupo de amigos lo hizo. Después de 30 días de vacaciones, volvieron a Buenos Aires, vendieron todas sus cosas y se fueron a un campo de Villa Yacanto de Calamuchita, Córdoba, donde armaron una comunidad para vivir en medio de la naturaleza.

“Queríamos ponernos a crear los sueños en la materia, vivir en el paraíso en la tierra y para ello disponernos a crearlo”, dice Matías Echeguren, parte del grupo fundador del Centro Umepay.


En un primer momento, ellos eran los únicos que vivían ahí, en total 11 adultos y 3 nenas. Organizaban retiros y con eso se sustentaban. Pero después de tres años, el proyecto fue mutando y empezaron a llegar los pedidos de otros que querían instalarse en las sierras.

Así, empezó a formarse una eco-aldea que hoy tiene seis hectáreas y en la que viven 45 personas, entre ellas 10 chicos. Tiene distintos espacios, todos creados con la bioconstrucción: cabañas y trailers que funcionan como hospedaje, un restaurante vegetariano y un salón de actividades con vista al río, donde se realizan retiros, talleres, encuentros de danza o yoga, celebraciones y eventos.

Cada uno de los habitantes, puede hacer la suya y vive a su manera. “El sustento es independiente de cada persona, una creación particular de cada uno”, explica Matías.

Algunos trabajan en un laboratorio de cosmética biológica que se creó en el lugar, otros en la huerta orgánica, la bioconstruccion o en la cocina/restaurante. También hay músicos, carpinteros, transportistas y diseñadores gráficos.

Si hay algo que siempre fue importante en Umepay, es el darle mucha bola al cuidado de la naturaleza: usan agua pura de vertiente y la tratan después de su uso, tienen electricidad solar, reciclan el 90% de sus residuos y consumen alimentos en su mayoría orgánicos.

“Este lugar completó algo en mí, sin dudas. No sé si es Umepay como algo concreto, sino más bien el animarme a andar el camino de los sueños y dirigirme con toda mi vida a ello”, asegura Matías.