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Tips para sobrevivir

Cómo renové mi casa sin tirar nada y sin gastar una millonada 😉

Actualizada 06/06/2018 05:16

La cosa es así: nos teníamos que mudar a un lugar más chico para gastar un poco menos pero también porque después de alquilar seis años en el mismo lugar, necesitábamos un cambio. Y también porque encontramos un lugar más barato y mejor ubicados (pasamos de Paternal a Palermo por menos plata).

Como esta vez no hacía falta pagar un seguro de caución para alquilar (acá ya conté cómo funciona esto de alquilar sin garantía propietaria y sin hacer cualquiera), decidimos que íbamos a renovar un poco el depto… bah, todo lo que teníamos en aquel momento.

La idea era hacerlo sin quedarnos sin nada, así que tomamos la decisión de ir comprando lo nuevo a medida que vendíamos lo viejo.

Eran tantas cosas -sillón, mesa, muchos muchos libros, planchita para el pelo, compus, etcétera…- y tan distintas que usamos distintos métodos: desde Facebook hasta recorrer lugares con una listita y muchas otras cosas en el medio.


Acá mezclamos algo de la sabiduría de Marie Kondo, sobre que hay que deshacerse de lo que no usamos sin importar mucho una supuesta conexión emocional, con mi basta experiencia comercial (antes de los 10 años ya era cajero en la verdulería de mi viejo, también tuve un lavadero de autos -larga historia-, trabajé en una feria frutihortícola y hasta vendí ropas en ferias ambulantes por varias localidades pequeñas en varias provincias argentinas -otra larga historia-).

Un conocido preguntó si no me daba vergüenza vender todo y quedar como interesado. Y no, prefiero hacer algo de plata a tirar las cosas por careta o amontonar pavadas que no sirven y juntan mugre.

Todas las ventas las podemos acomodar en distintas categorías:

#1 Cosas que vendí gracias a las redes sociales en un toque

Cuanto más grande las cosas, más sencillo fue de venderlas. Entre lo que salió más fácil estuvieron la mesa y sillas que teníamos en el balcón (muy lindas, todo de metal; la mesa con tapa de venecitas), que vendimos a la mitad exacta de su valor comercial (las habíamos comprado en 2015) y el sillón de dos cuerpos (estaba en perfecto estado).

Además, así salió el escritorio con caballetes, un baúl celeste que ya no tendría lugar, y tres bibliotecas que quedaron vacías después de vender como 300 libros. Todas estas cosas se vendieron por redes sociales y no duraron publicadas más de media hora.

#2 Cosas que necesitaron de un poco más de insistencia y precios bajos

La planchita del pelo, la máquina de hacer pan y el horno eléctrico. Aunque las dos primeras cosas no tenían mucho uso, se habían devaluado porque ya eran modelos viejos, así que no quedó otra más que venderlos a precios simbólicos o bastante por abajo de la mitad del precio original. Ah: me olvidaba del rack de la cocina, que tardamos como dos meses en venderlo.

La heladera fue un tema: teníamos que cambiarla sí o sí porque no iba a entrar pero costó BOCHA venderla. Al final se la llevó un conocido de un conocido pero a un precio bastante bajo. No se pueda ganar en todas.

El único inconveniente de esta manera de vender es que algunos se cuelgan y se olvidan de retirar. Nada que un poco de WhatsApp no solucione, por supuesto.


#3 COSAS QUE VENDÍ EN DISTINTOS MARKETPLACES

La compu 2en1, la mesa de melamina y pino (era turquesa, muy simpática) y la impresora las vendimos usando el Marketplace de Facebook, después de intentar entre amigos y contactos y que no pasara naranja.

El tema con esta plataforma es que te llenan de preguntas y que, para qué negarlo, da un poco de miedo darle la dirección a un desconocido para que venga a tu casa (no quedo otra con la mesa, las otras dos cosas las pasaron a buscar por la puerta del laburo).

Y, por otro lado, están los libros: unos 20 los vendimos por MercadoLibre. Una paja total: preguntas, arreglar para retirar, mandar por correo… horrible cuando vendés cosas a precios irrisorios. Al final, la mayor parte los vendimos por las redes publicando una listita en Drive que fueron leyendo conocidos y amigos… así se empezaron a ir en serio. ¡Todo a precio de amigo!


#4 LO QUE RECUPERAMOS

Dos cosas: una cafetera que nos habían regalado para el casamiento, que mandamos a arreglar, y una compu vieja (ya tiene como ocho años y es en la que estoy escribiendo).

La cafetera es de esas a vapor. Cuando nos la dieron, nadie nos dijo (y nosotros no investigamos) que no había que usarla con agua de la canilla. Al final, todo ese sarro horrible la rompió y durmió por años. Como no nos daba tirarla, la mandamos a arreglar: saladito, nos costó unos 1.500 pé, pero peor era mandar un regalo a la basura.

A continuación va una guía de qué hice para vender y un poco de por qué:

No zarparse con los precios. Mi viejo, que era un comerciante nato, me enseñó que para vender algo usado nunca hay que cobrarlo mucho más arriba de la mitad de su valor nuevo. Sino, no lo vas a vender. O quizás sí, pero cuando querés vender a amigos, te podés ganar uno que otro odio.

Cuidar las cosas. Uno no compra nada para venderlo, pero como regla general uno tiene que cuidar sus cosas. Si rompés todo, el destino de lo que no uses más va a ser el fondo del placard o la basura.


No mentir en la publicación. Parece una obviedad pero si te das cuenta que lo que vendés tiene un detalle, lo mejor es aclararlo y hasta sacarle foto.

Las fotos son importantes. Todo lo que vendas tiene que llevar fotos, en lo posible varias.

Usar todas las redes sociales que tengas. Nosotros usamos Facebook, Instagram (hasta las Stories) y Twitter. Todas son buenas para vender y en todas vendimos. La mejor es Facebook porque te deja escribir más y porque uno suele conocer más a los contactos que tiene ahí.

Admitir la derrota cuando no podés vender algo. No, no vendimos todo lo que quisimos. Una cafetera muy vieja la terminamos regalando y una cartera y un sombrero todavía están en el placard. Y el estante del microondas terminó en la basura.