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Te lo cuento

"Tenía 11 años cuando vi a mi viejo inhalar cocaína delante de mí"

Actualizada 07/10/2016 12:00

Daniela tuvo una infancia de mierda. Después del divorcio de sus viejos, surgió una relación violenta con su papá que la llevó a drogarse y deprimirse MAL. Pero pudo salir y lo cuenta desde las entrañas.

Mi viejo tenía una moto de pista, me sentaba en la punta y a mi hermanito en el medio.

Un día nos llevó a una plaza para distraernos. Cuando me di vuelta, vi que sacó un papel de aluminio y con un palito de chupetín aspiró cocaína.

Ese día manejó drogado y con nosotros arriba de la moto. Yo tenía 11 años.

A veces pienso como llegué a eso. Y cómo él llegó a eso. Fue algo que no me olvido más.

Yo era una pendeja que creció en un ambiente de mierda. No tuve la mejor infancia. Todo lo contrario.

Desde que mis viejos se separaron, mi papá cambió.


Estaba obsesionado con mi mamá, y yo no podía soportar verlo mal.

Era muy chica y pegada a él y me resistía a enfrentar la situación que estaban pasando.

Él prendía un cigarrillo, fumaba delante de mí y yo le gritaba que no lo hiciera, porque si se moría yo quería morir con él.

Me hizo mucho daño. Me dijo las peores puteadas que una hija puede escuchar. Siempre confrontábamos porque no me quedaba callada, cuando me insultaba yo también le gritaba.

A los 11 años empecé a fumar cigarrillos. Pero eso no me detuvo. En el 2011, cuando tenía 14 años, caí en la droga y en todo lo que pudiera hacerme mal. Fumaba marihuana y tomaba pastillas, siempre al filo del peligro. Pensé en matarme varias veces. Me cortaba, tomaba dosis grandes de pastillas para dormirme. Hasta llegué al límite de buscar un arma que había en mi casa, pero mi mamá llegó en el momento justo. Ese día me descoloqué. No era yo, estaba muy drogada.

Mi vida cambió cuando conocí a mi ex novio. Teníamos mucho en común. Su vida era un desastre como la mía, nos entendíamos rápido.

Él no dejaba que me hiciera daño y comprendí que había otras cosas en las cuales pensar.

Estaba tranquila porque alguien se interesaba en mí, y eso me hizo salir adelante. Es muy difícil, no puedo evitar emocionarme, fue tan duro todo que recordarlo me hace llorar.

Yo no crecí en un ambiente normal. Siempre había gritos, peleas, llantos. A mí lo único que me preocupaba era mi hermanito. No conozco el concepto de familia. Por eso, el día de mañana no quiero tener hijos, porque me da miedo el hecho de estar con alguien (como estuvieron mis viejos) y que de un día para el otro la persona cambie. Tal vez suene pesimista, pero no traería una vida a este mundo.

Crecí y maduré de golpe. Tengo un pensamiento que quizás muchos no compartan, pero siempre voy de frente y soy sincera.

En más de una ocasión, llamaba a mi viejo por temas de la escuela, y me contestaba "No puedo, estoy muy duro, Daniela". Daniela no es mi verdadero nombre, supongo que a esta altura se dieron cuenta. No quiero mostrarme, pero quiero que sepan mi historia.

Había personas que venían y me decían: "tranquila, Daniela, tu viejo va a cambiar, paciencia". Y no, no es así.

Hoy en día mi viejo está con otra mujer, con la que tiene un hijo. Hasta donde me enteré se mudó pero no quiso decirnos más.

Me sigue pasando plata porque no pudo ganar eso en la mediación, y le quitó la obra social a mi vieja.

Tengo miedo de que crezca el rencor dentro de mí y me haga retroceder.

Le inicié un juicio a mi viejo para reclamar lo que me pertenece.


Aunque cueste y tenga que lidiar con las burlas de su mujer, que todo el tiempo busca molestarme, voy a luchar por lo mío.

Siempre pienso que "todo pasa por una razón" por eso no me detengo ante los problemas de la vida. Simplemente los enfrento y doy pelea. Esa frase me la tatué en el cuerpo.

Tengo 19 años y puedo decir que soy feliz. Porque me lo gané, y me rompí el lomo para salir adelante. Tengo el trabajo que siempre soñé, y objetivos en que pensar. Ya no me dejo afectar por cosas que no valen la pena.

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La historia es un testimonio real. La protagonista nos pidió reservar su identidad. Daniela no es su verdadero nombre.

La entrevista fue hecha por Valentina Blasón, estudiante de periodismo.