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shampoo

Qué nos ponemos en la cabeza cuando nos tiramos shampoo 🚿 

Actualizada 17/05/2018 09:24

Yo no dejé las harinas refinadas, ni el azúcar blanca ni los lácteos. Ahora que parece que tenemos que ir abandonando todo lo que siempre usamos, lo único que abandoné son los sulfatos y las siliconas para lavarme el pelo.

La cosa es así: hace unos meses, paveando con el teléfono encontré un grupo de Facebook dedicado al cuidado de pelo con rulos, Rulos Arg.

Tiene más de seis mil integrantes y las coordinadoras se toman el tema muy en serio: para entrar hay que responder algunas preguntas, hay reglas para comentar y postear, las publicaciones son moderadas y el contenido de los álbumes de fotos está chequeado y re chequeado.

¿Para qué? La idea es abandonar el uso de sulfatos y siliconas, dos de los ingredientes más usuales en los shampoos y acondicionadores que usamos para lavarnos el pelo. Para reemplazarlos, proponen métodos de lavado con productos “aptos” y “liberados”, que encuentran haciendo un trabajo de hormiga en las góndolas de las farmacias y lo supermercados y revisando la composición de cada producto.

Cada vez que alguien encuentra uno sin sulfatos ni siliconas ni derivado del petróleo lo sube al grupo, no importa si es una marca francesa carísima o uno de esos botellones de 2 litros con olor a manzana.

Lo del grupo no es una locura de vanguardia: cada vez son más las marcas que lanzan líneas “free”, sin sulfatos ni parabenos ni siliconas.

Pero, ¿qué son los sulfatos y las siliconas y por qué recomiendan dejarlos? Hablé con la licenciada en Química Florencia Servera, que acaba de publicar el libro “La belleza tiene su ciencia”, para que me orientara en este laberinto.


Sulfatos

Primero, Florencia me explicó que los sulfatos actuan como tensoactivos, o sea que tienen una función desengrasante: quitan el exceso de grasa que producen las glándulas cebáceas del cuero cabelludo. El más común es el Lauril Sulfato de Sodio, que suele ser el primero en la lista de ingredientes en los shampoos pero también en algunos productos que usamos en la cara.

“El inconveniente que muchos plantean es que es irritante y corrosivo y por eso hay que reemplazarlo de manera urgente, pero no hay estudios que demuestren que esto sea correcto y que debamos reemplazarlo”, me dice Florencia. “El asunto es que la dosis hace al veneno y es la dosis la que hace que el perjuicio pueda aparecer o no: porque cuando la concentración es la adecuada, de alrededor del 1 o 1,5 %, no debería presentar problemas”.

Siliconas

Las siliconas no tienen función limpiadora sino que son como un maquillaje para el pelo. El problema es que muchas son resistentes al agua y van acumulándose con el uso: imaginen qué pasa si alguien se maquilla todas las mañanas sin sacarse antes la pintura del día anterior.

Florencia advierte que no está comprobado que sean tóxicas: “No hay estudios que prueben que tienen efectos adversos sobre la salud: como con los sulfatos, siempre que la dosis sea la adecuada, no presenta ningún problema”.


PARABENOS

Los parabenos se usan como conservantes. “Sobre estos compuestos se cree que pueden llegar a ser cancerígenos porque pueden imitar los efectos de los estrógenos que se producen naturalmente en el organismo”, me explicó. “Lo que pasa es que aún se están estudiando los riesgos que causan en humanos. ¿Es entendible entonces que querramos evitarlos? Sí, es entendible, pero todavía no está comprobado”.

Para un montón de gente, mirar las etiquetas de lo que comemos y lo que usamos en la cara y en el pelo ya es parte de la rutina: buscamos alimentos no tan procesados que tengan pocos ingredientes, googleamos frente a la góndola a ver qué significa cada una de las sustancia que componen esa crema de peinar que usamos todos los días.


Como química, Florencia banca esa actitud pero advierte que a veces nos dejamos guiar mas por la información que aparece en internet que por estudios que tengan un aval científico: “Hay un montón de cuestiones que despiertan alarmas y que a veces son infundadas”, explica.

Tampoco es que todo lo que prometa “extractos naturales” en la etiqueta sea bueno: “Tanto en productos que contienen ingredientes naturales o en productos que contienen ingredientes sintéticos puede haber componentes de buena o de mala calidad, no necesariamente uno es mejor o peor que otro”.

Lo que más nos complica a la hora de elegir es que las regulaciones en cosmética no son tan estrictas como en los medicamentos. “Si bien se controla que el producto tenga ciertos componentes entre sus ingredientes, no es necesario para que el producto salga al mercado que se indique la concentración, por lo que nada nos garantiza que sean las adecuadas”.