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Sexo

Garché en el aeropuerto y en un avión sin escalas y te lo cuento

Actualizada 08/11/2016 06:09

Nos flasheamos apenas nos vimos en el embarque. Pinto calentura MAL en el baño y la joda siguió en el AIRE.

Con mi novio decidimos irnos al carnaval de Río de Janeiro. Él viajó antes y yo unos días más tarde por temas de laburo.

A las cinco y media de la mañana, llego a Ezeiza, hago el check-in y me quedan más de dos horas de espera. Me siento a leer un libro en la puerta de embarque.

Al rato aparece un chico muy lindo y se sienta a 2 filas de butacas frente a mí. Está vestido muy cool, es rubio y tiene anteojos de sol. Muy europeo.

Al rato, me doy cuenta de que tiene una sonrisa muy linda. Yo leo y cada tanto lo pispeo.

Él también me mira. Hay como un enlace eléctrico pero más que una carita no le hago.

¿Cómo avanzo? ¿Me siento al lado? ¿Le guiño un ojo? ¡Cualquiera lo de la guiñada! Pero él sabe qué hacer antes que yo. Se levanta, me clava la mirada y se va hacia el baño que está ahí cerca. Me queda la duda si me está invitando a seguirlo o no. Yo, por las dudas, lo hago.

Entro y al segundo estamos dándonos unos besos. Hay mucha química y también suma la adrenalina de estar en un aeropuerto con tanta seguridad, tanta cámara, tanta cosa.

No pasa mucho hasta que yo me abro el jean y él me está pajeando. Nos metemos en un box, sacados, desesperados por ver quién se la chupa a quién.

Ya no damos más y nos matamos. En un momento paramos porque entra un tipo. Pero él me la deja adentro, ahí en silencio, y me calienta más. Los dos acabamos.

Yo pensaba que era extranjero hasta que dijo un par de cosas mientras garchábamos.

Cuando salimos, ya muy relajados, hablamos. Me entero cómo se llama y que también va a Río.

En el vuelo, pedimos que nos cambien de asiento para ir juntos. Ahí le blanqueo que mi pareja me está esperando en Brasil y él me cuenta que la suya, también. Estamos los dos muy flasheados. Yo no quiero llegar a destino. Me pregunta '¿alguna vez lo hiciste en un avión?'

Voy al baño a ver qué onda y le hago como una seña. Nos metemos ahí. Acá no tenemos tanto tiempo como en Ezeiza pero igual nos damos para tener.

Salgo pensando 'acá nos van a estar mirando todos', y nada que ver. Salvo un comisario de abordo, que seguro debe haber visto a varias personas cogiendo en el aire.

Llegamos. Chau, chau y dejamos todo ahí. Por Facebook me doy cuenta de que tenemos amigos en común pero prefiero no hacer ninguna.

Que lo que había pasado en ese viaje, quedase ahí. Hasta que me lo volví a encontrar en una fiesta. Me toca un poco la pija y rememoramos lo que había pasado en Ezeiza.

Relato de Esteban V.*

*La identidad fue reservada para que el novio no lo eche de la casa.