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Sexo

Fue puta y víctima de explotación sexual, pudo salir y esto es lo que le cuenta a su hija

Actualizada 16/08/2016 04:46

Pasó por lo peor y supo reinventarse. Alika Kinan fue puta por más de 20 años. Formó parte de una red de trata hasta que un día la rescataron y, lo más difícil, pudo rescatarse y redoblar la apuesta.

En octubre de 2012, su infierno estaba en una whiskería de la fría Ushuaia. De ahí la salvaron y empezó el reseteo total.

Ahora, con 5 hijos (4 nenas y 1 varón) más otro varón a punto de nacer, demuestra el tamaño y fortaleza de sus ovarios: armó una fundación para ayudar a otras víctimas como ella y, además, somete a juicio a los proxenetas que la explotaron y al mismísimo Estado. El suyo es un caso testigo e inédito que tendrá pronta resolución judicial y sentará precedente en el país.

"No quiero por nada del mundo que se repita la misma historia", le dice a UNO con determinación. Ella lo sufrió en carne propia: tuvo madre puta, abuela puta, tío dueño de cabaret y padre vividor. La violaron a los 14. Tuvo marido violento. Ni loca dejaría que el dolor se transmita a su descendencia.

Alika, que en nigeriano quiere decir "la más hermosa", también es el nombre de su hija de 15 años. Sangre de su sangre. A ella la tuvo que preparar para la verdad. "Sabe todo. Fue doloroso pero necesario. Es un trabajo que necesitó que me rearme a mí misma y poder ser genuina y clara", dice Alika mamá.

Alika hija entendió, se involucra en temas sobre explotación y violencia de género y forma parte del colectivo #NiUnaMenos. En el camino hacia la verdad tuvo que escuchar el corazón y las explicaciones de su madre, con ganas de hacerse y hacerla una mejor persona.

"La prostitución como elección jamás es posible. No la elegimos. Elegimos ser veterinarias, médicas, maestras, arquitectas, astronautas, no putas", le cuenta a su hija esta mujer cordobesa de nacimiento pero con el alma en el fin del mundo. Ahí vive y ahí, de vez en cuando, cruza miradas tensas con sus explotadores, que ocasionalmente ve por las calles.

Alika hija la ve seguir peleando, la ve haciendo crecer el Instituto de Género Sapa Kippa (que su madre creó) y comprende más el peso del pasado para transformar el futuro de ellas y de muchas más.

"La prostitución no es dinero fácil. Es dinero humillante, es duro y doloroso. Por eso lo despreciamos, lo cargamos con pesar y deseamos que alguien lo 'lave', que sirva para alguien, porque para nosotros es el dolor de llevarse un pedazo de nuestra alma", dice mamá a hija.

Está convencida de que decir las cosas claras es lo mejor. "La prostitución nos elige, nos capta, nos apresa, nos daña", argumenta mientras recuerda el sello de la explotación sexual que ella padeció por 20 años, con noches de hasta 12 clientes, algunos violentos, en el que el alcohol, la cocaína, las piñas y otras bajezas eran moneda corriente.

Pero hay posibilidad de revertirlo y convertir el dolor en fuerza positiva. "El empoderamiento está en quienes nos convertimos a la hora de superar nuestros miedos, nuestros dolores, nuestras vergüenzas. Está en nuestra capacidad de sobreponernos por sobre todo y cuando somos capaces de superarnos a nosotras mismas librándonos del egoísmo. En esos momentos estamos empoderadas y nadie nos puede quitar ese poder". Ese es el mensaje de Alika, que sigue en plena lucha y militancia desde el sur, su lugar en el mundo. Ese paisaje fue de padecimiento, ahora es de lucha y felicidad.

Por Diego Landi @dielandi