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Salud

Eliana sufrió un accidente terrible. Quiere amputarse su pierna y te cuenta por qué 👉

Actualizada 24/07/2018 05:16

En diciembre de 2016, un taxi cruzó en rojo y me atropelló cuando iba en moto hacia mi trabajo. Tuve fractura múltiple de fémur y luxación de rodilla (…) Cuatro operaciones más tarde, dolorosas sesiones de fisioterapia diarias e inmensos dolores que me provocaron adicciones a los opiáceos y un hígado agrandado, finalmente la flexión de mi rodilla llegó a los 90º, pero los dolores siguen y la funcionalidad es poca, débil e incómoda”. Así arranca la carta que Eli Toro publicó en Facebook sobre su realidad, la decisión de amputar su pierna para ganar calidad de vida y la negativa de sus médicos a realizar el procedimiento. “No hay razón para amputar, solo tu inmenso dolor, y eso sólo lo sabés vos”, le dijeron a la periodista mendocina de 34 años. Y claro que lo sabe, porque lo sufre día a día.


Amputación voluntaria? 👓

💬 “Lo de la amputación voluntaria lo fui viendo desde fines del año pasado. Primero porque me causaba (sé que suena fuerte) pero una especie de envidia o celos y frustración no poder disfrutar de lo mismo que hacían las personas que sigo en Instagram y que disfrutan de sus prótesis biónicas corriendo, bailando, haciendo gimnasia o caminando, mínimo (yo no puedo hacerlo sin muleta más de dos cuadras o durante unos minutos con muleta)”, contó Eli.

La solución que le ofrecen los médicos es una prótesis que debería reemplazarse cada diez años. “No quiero estar el resto de mi vida operándome”, dice.


“Si bien ya no estoy con un dolor insoportable, cuando estás meses con un dolor de intensidad 3 o 4 tu realidad se puede tornar muy dura. Imaginate un dolor de cabeza fuerte que dura todo un día, una semana, un mes. ¿Cómo sería tu trato a los demás? ¿Tendrías ganas de hacer cosas? ¿Y si supieras que va aumentar con el tiempo y que no hay solución? Lo de la amputación electiva no es un suicidio, como lo ven muchos, es querer mejorar mi calidad de vida”, dice.

El factor emocional

“El impacto emocional del accidente al principio no fue tanto, lo que me derribó fue que jamás imaginé que todo sería así. El miedo a saber que cada vez va a ser peor. Cuando me dijeron que me había quebrado el fémur y la rodilla pensé que sería un mes de yeso como mucho. Pero no imaginé nunca todo lo que pasó en el medio, y lo que sigue pasando, porque esto es degenerativo. Y tener algo degenerativo a tus 30 no te hace tener una linda mirada al futuro”.

El círculo social 👥

“Apenas te pasa algo de este tipo todos se activan y te ofrecen su ayuda, ya sea para cuidarte, quedarse en el hospital, lo que sea, pero cuando dura tanto tiempo eso se desactiva y te das cuenta de que estás bastante sola; y que los incondicionales posta son pocos. Y los entiendo, tienen sus cosas, sus laburos, sus horarios. Mi círculo se redujo mucho, pero me sirvió como una especie de filtro y una manera de valorar más a los que sí se quedaron”, contó Eli.


Autoayuda que no ayuda

En los intentos de darle ánimo, Eli se encontró frente a una cantidad de frases y materiales forzadamente inspiracionales que hacían todo menos ayudarla. “Cuando uno está así no necesita autoayuda, necesita empatía y ayuda. ‘Si realmente querés vas a poder’, ‘con el tiempo todo mejora’, ‘tenés que luchar’, ‘dale mejorate’. Son frases que todos dicen sin maldad, pero sin saber y que caen muy mal. Las cosas no mejoran ‘si uno realmente quiere’, hay cosas que uno no maneja. El tiempo a veces no mejora las cosas, ¿y cuánto tiempo sería? ¿Tenés la precisión? ¿Por qué tengo que luchar? No quiero, no lo pedí, solo estoy padeciendo algo con mi mejor cara, estoy cansada de luchar una pelea en la que no me metí”, resume Eli.

Este no es un libro de autoayuda ✋


De esos intentos desesperados por “animarla” nació su libro ilustrado por Eliana Iñíguez, un relato crudo de su historia que invita a compartir la experiencia y a que quienes acompañen un dolor ajeno puedan empatizar sin frases prefabricadas. “Con todo este contexto de la ‘autoayuda’ descubrí que a veces la gente no ayuda correctamente porque no sabe cómo hacerlo, no sabe qué decir. Me servía mucho más que alguien me pague un impuesto a que me regale un libro de autoayuda, que me freeze un par de viandas a que me recete una terapia alternativa que no voy a poder usar. Por eso creo que el libro sirve no solo a quien sienta identificado, sino a quien quiera ayudar a alguien realmente entendiendo su dolor”.