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Películas

A 20 años de Trainspotting, cómo pegó su estreno 👊

Actualizada 26/02/2017 06:12

Este año vamos a ver llegar al cine T2, la secuela de una de las películas definitivas de los ´90: Trainspotting. 

Quizás por demasiado jóvenes (*suspira*) o porque, con el diario del lunes todos sabemos que se convirtió en ícono de esa década, nos preguntamos: ¿qué pasó con Trainspotting al momento de su estreno?

Trainspotting salió en 1996, el mismo año en el que apareció Google y cuando solamente había 10 millones de personas que usaban internet.


Es el año en que salieron Dopádromo, Spice, Backstreet Boys y Pies Descalzos, y en que compartía tapas de revistas con el divorcio de Lady Di y la llegada de Madonna a Argentina para filmar “Evita”.


Las premieres de la original muestran un cast jovencísimo (flaquiiitos) con cero glamour, y dejaron pocas fotos: espíritu indie y pre Instagram. La venta era una frase que siempre queda vieja: “la película más controversial del año”.


Damon Albarn aparece como acompañante oficial de estreno y de fiesta posterior en un pub y hasta hay cinco segundos de filmación dando vueltas por ahí donde presentan a Angelina Jolie, “la novia de”.

El cantante de Blur participó también en la banda de sonido, una selección espectacular a la que también el tiempo trató muy bien (a pesar del gol gol en tu cabeza hay un gol).


¿Cómo la trataron en el momento de su estreno?

Trainspotting llegó en verano del 97 a las salas argentinas, con una escueta cobertura de los principales diarios, que centraron su atención en el “nuevo galán” Ewan MacGregor y en su sinergia con Danny Boyle. La Nación la describió como una “feroz denuncia contra el impulso disgregador de la heroína” y la trató de efímera.


Otros ni se la jugaron tanto: la crítica de El País, por ejemplo, dijo que era una película que para que cada espectador deba sacar “sus propias conclusiones”.

El New York Times opinó que era una suma de anécdotas sin una narrativa que las mantuviera unidas, pero que a pesar de ello — o por eso mismo — resultaba “perversamente irresistible”.

The Guardian decía que había muchas películas sobre la cultura de la droga, con actitud moralista, pero que Trainspotting se destacaba porque se había hecho con “tan poco y tan rápido como para que no signifique nada para aquellos que la vieran” (sí es cierto que fue una película de poco presupuesto y que resultó sorprendente para muchos que se convirtiera en film de culto).


El crítico Roger Ebert, por su parte, la vio como una película sobre amigos que tenían necesidades (mientras que todos la tildaban de pro o anti droga). Y. sobre la cuestión de la adicción que llevaba la vida de sus protagonistas, destacó: “¿Va hacia algún lado? ¿Dice algo? Realmente no. Ese es todo el asunto. El uso de drogas no es lineal sino circular. Nunca se llega a ninguna parte a menos que vuelvas al punto de partida”.


Veintiún años después, su secuela está protagonizada por los mismos actores, sobre un libro del mismo autor que inspiró el original y dirigida por las mismas manos, en un ejercicio que la acerca más a Antes del Atardecer que cualquier Episodio 2, reencarnación de super héroes o spinoff.

Es más que ambiciosa, en cuanto vuelve sobre las vidas de los que quedaron de aquella época, renovando las búsquedas y las nuevas adicciones que los acompañan ahora: drogas de diseño, Instagram, Facebook, Twitter. El monólogo del arranque, en paralelo al original, trata justamente sobre eso.


¿Será bien característico de esta era querer ver qué fue de esos tipos de los que no sabemos nada hace veinte años? ¿Tal vez es que ellos y nosotros, dos décadas más tarde, nos seguimos haciendo las mismas preguntas? ¿Cómo trata el tiempo a los íconos — podemos salvarnos de consumirlos irónicamente? Como junkies de las tecnologías de la ansiedad, no podemos esperar para verla y saberlo.

Fuentes: Rogerbert.com, NYtimes, TheGuardian.com, LaNación,