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Música

Genial: este pibe arma instrumentos 🎸🎷 con objetos cotidianos que ya nadie usa

Actualizada 03/04/2017 06:18

Son las 4 am y el living de un departamento de San Telmo se convierte en taller. Mientras su hija y su mujer duermen, Agustín Argüello crea instrumentos con objetos que ya nadie usa. Lejos de ser un luthier tradicional, este músico de 29 años encuentra sonido donde nadie podría imaginarlo.

Desde chico, Agustín tenía una obsesión por desarmar todo lo que veía. Empezó con sus juguetes y a los ocho años, cuando en un colegio con orientación artística descubrió su amor por la música, siguió con las guitarras.

“Tenía instrumentos que eran baratos entonces cuando algo se les rompía los arreglaba yo. A medida que fue pasando el tiempo, ya no sólo me dedicaba a arreglarlos sino que también empecé a probar distintas cosas para cambiar su sonido. Por ejemplo, me compraba una guitarra, le sacaba toda la electrónica y la modificaba para que sonara como yo quería”, cuenta Agustín.


A medida que fue creciendo, se puso a leer cuanto libro y tutorial encontró en internet y a consultar con amigos luthiers para aprender cosas más técnicas: “Ya no sólo me importaba lo funcional del instrumento, sino que también empecé a cuidar la estética y buscar algo distinto en cada uno”.

Un día, en el comercio en el que trabaja con su papá, vio una caja de habanos que no se usaba hacía años y decidió transformarla en una guitarra. 

“Ya conocía la Cigar Box Guitar. Es de origen afroamericano, de fines de 1800. En ese momento los que no podían comprar instrumentos agarraban un palo de escoba con una caja de habanos, le ponían una cuerdita y rascaban ahí. Además, hubo un blusero en los años 50 que se llamaba Bo Diddley que fue el primero que apareció con una guitarra eléctrica en el formato de caja de habano. Y hasta que se murió siguió tocando con esa guitarra”, explica.

En el primer intento de construir esa guitarra, la tensión de las cuerdas rompió la madera en 12 pedazos.

Después de restaurarla, siguió probando hasta que encontró la estructura que hacía funcionar el instrumento.


De repente, Agustín se encontró escaneando cuanta cosa veía a su alrededor e imaginando en qué instrumento podía convertirla. Una caja de pinceles en desuso terminó siendo un amplificador, un pote de crema viejo que era de su abuela mutó a un pedal para guitarras.


“Llegó un momento en el que lo que había pensado e ideado, empezó a estar materializado y funcionando”, le dice a UNO.

Además de vender sus creaciones por su página de Facebook Papperland, Agustín va a distintas ferias. Después de pararse y preguntarle si los instrumentos son de verdad o de juguete, los músicos se quedan maravillados probando cómo suenan.


“Esto va para alguien que le guste un encuentro más lúdico con el instrumento. No vas a tener la respuesta de una guitarra estándar porque no lo es y tampoco tengo ganas de que lo sea. Tienen otro lamento, un sonido más rasposo. Cuando tocás se escucha como apoyás los dedos en la cajita. Tiene otro lenguaje”, cuenta.

Y dice que todavía tiene una cuenta pendiente: “Mi sueño es tener un lugar donde puedan estar todas las cosas que yo pueda hacer para compartir con el que quiera ir a probarlas. Más allá de si pueden comprar o no los instrumentos, quiero que puedan ir, tocar y llevarse una experiencia”.