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Malvinas

Malvinas: 4 hijos te cuentan (con distintas miradas) cómo los marcó tener padres que fueron a la guerra 

Actualizada 31/03/2017 10:53

A 35 años, Lucía, Valentina, Nico y Fede nos contaron qué sintieron y qué hacen hoy con esos recuerdos.

LUCÍA Y VALENTINA COLOMBO, ESTUDIANTES


Lucía (20) y Valentina (17) son las hijas del ex combatiente Juan Gerónimo Colombo, que estaba por debutar en primera como jugador de fútbol en Estudiantes de La Plata cuando tuvo que viajar a Malvinas.

“Juani” ya había hecho la colimba pero se presentó en el Regimiento 7 de esa ciudad porque había escuchado que todos los que eran clase 62, como él, tenían que hacerlo. Una semana después ya estaba en las islas.

Hoy Valentina, su hija menor, participa con su escuela en el proyecto “Mi huella en Malvinas”.

Tanto ella como Lucía -según le cuentan a UNO- están comprometidas con mantener la memoria sobre la guerra y generar conciencia sobre sus consecuencias.

Lo que hace la guerra

Lucía: “De chica siempre sentí orgullo de que mi papá haya estado en Malvinas, me podía quedar toda la noche escuchando sus historias. Hace dos años conocimos al ex combatiente Julio Aro, que está al frente de la fundación No me olvides. Él vino a Roque Pérez a contar su historia y la de muchas madres cuyos hijos no volvieron y no saben dónde están. Después de eso, a nosotras nos quedó no sólo orgullo sino también otras emociones positivas y negativas, porque empezamos a ser conscientes de la parte que se sufre de la guerra, de las madres, de los que fueron, de los familiares”.

Valentina: “Hace un tiempo llegué a entender la dimensión de lo que había sido la guerra. Mi papá tuvo la posibilidad de sanarse con el fútbol y toda su vida estuvo contando, dando charlas, siempre abierto a hablar. Entonces yo no veía en él las consecuencias, y el año pasado cuando estuve en contacto con otros ex combatientes y me llené de información, vi lo que de verdad le podía hacer una guerra a una persona. Tampoco sabía que muchos se habían suicidado porque no habían podido sanar lo que habían pasado o que llegaban de la guerra y si decían que habían estado en Malvinas no les daban un empleo. Me fui llenando de información y entendí el dolor que habían pasado y el dolor que mi papá sigue teniendo”.


Un compromiso de todos

Dice Lucía:

“En un acto, mi papá contó que siempre soñaba que se tomaba un tren en Roque Pérez y que lo llevaba a Malvinas. Y dijo que esa misma noche había soñado que se tiraba de ese tren y que a Malvinas no volvía nunca mas. Yo no sabía que a él le pasaba todo eso. Y ahí me di cuenta lo que él y mucha gente sufrió y sigue sufriendo”.

Y agrega:

“Tenemos que hacernos cargo de esto, todos desde algún lugar podemos ayudar. Mucha gente, muchas madres están esperando respuestas y es muy doloroso que durante tanto tiempo se haya tratado el tema con tanta indiferencia y nadie se haya preguntado por ellas, que están esperando saber, dónde están sus hijos. Creo que en este tiempo, lo que mi hermana y yo entendimos fue cómo pesa la indiferencia. Fuimos conscientes de lo que la guerra hizo con algunas personas”.

NICOLÁS BONO, SUBOFICIAL DE LA FUERZA AÉREA


Cuando su papá, el piloto de A4 Skyhawk Jorge Alberto Bono, cayó con su avión en el mar el 24 de mayo de 1982, después de participar del ataque a la fragata inglesa Arrow, Nicolás Bono tenía 7 meses.

Hoy, a los 35, está casado, y tiene un hijo chiquito que se llama Conrado.

Es suboficial de Fuerza Aérea y encargado de la Delegación Malvinas Córdoba.


Sin recuerdos

Dice Nicolás a UNO:

“Yo no tengo recuerdos de la guerra, pero sí puedo contar lo que él decía y transmitía en las cartas a mi madre: que él estaba convencido de la función que tenía que cumplir, que estaba orgulloso de defender a su país, que era para lo que él se había preparado, lo cual nos dejó a mí, a mi mamá y a toda la familia, un orgullo muy grande por tener un héroe nacional”.

Y nos cuenta:

“A medida que fui creciendo, empecé a leer y me fui interiorizando más en lo que fue el ataque del 24 de mayo del 82. Fui leyendo letra por letra frase por frase hasta llegar al párrafo que uno no quiere leer nunca, que dice que el avión de mi padre ‘emprende un suave viraje descendente e impacta en el mar’. Durante mucho tiempo leí esa frase una vez por año en la misma fecha. En los hijos de los caídos se van generando traumas de niño, por ausencias, por alejamiento de seres queridos, por no estar capacitados para resolver algunas situaciones cotidianas que se tornan difíciles, como paredes que no se pueden derribar. Algo muy común en los hijos de los caídos en Malvinas es no poder cerrar lo que uno está haciendo. Y cuando lo cerrás, te parece que la tarea está inconclusa”.


“Después fui encontrándome con los compañeros de mi papá. Por mi parecido físico, al principio algunos no querían hablar, otros se emocionaban. Sus compañeros de promoción y sus camaradas de combate me dieron una semblanza de como era él, con algunas semejanzas que tengo yo. Es muy difícil para un hijo compararse con un héroe, porque aunque siempre el héroe de un niño es el padre, qué pasa cuando realmente es un héroe nacional. En esos casos el espejo es bastante grande. Uno se va dando cuenta con el tiempo que no siempre hay que llenar ese espacio, sino que hay que tratar de reflejar lo mejor que uno tiene”.

Nico mantiene viva la memoria. “Tuve la suerte de hablar con sus compañeros, con la familia que compartió cosas con él y día a día van saliendo nuevos recuerdos, nuevas anécdotas, comparando personalidades, y uno se va acercando al papá y va despegando al papá del héroe”.

Federico Cimatti, artista plástico

Federico nació en 1986, cuatro años después de la Guerra de Malvinas en la que su papá participó como piloto Mirage.

Hoy es artista y trabaja todos los días en su taller tipográfico Prensa La Libertad con máquinas grandes y antiguas de impresión con tipos móviles, experimentando con color, textos e íconos.

Por casualidad, el 2 de abril del año pasado lo encontró en Londres, donde decidió hacer una pegatina con un afiche que decía “No repetir un modo de pensamiento impuesto es transformar”, junto a la fecha de comienzo de la guerra.



Siempre entendí que mi papá era militar pero nunca sentí el peso de este tema. Quizás porque cuando yo nací, para él, que se había preparado toda la vida para eso, ya estaba bastante procesado. Cuando entré en la educación publica, empecé a vincularme con ciertas ideas y a pensar que había otro modo de vivir y de ver la vida y ahí fue cuando comencé a formar una opinión propia. Pasé muchísimos años sin contar cuál era la profesión de mi papá y cuando lo tuve asimilado y tomé una postura empecé a producir desde ese lugar. Yo tengo un trabajo muy cercano al mundo del arte y eso me ayudó mucho a procesar este tema desde un lugar que no es el mas fácil para que tome el hijo de un ex combatiente, porque hay cosas que pueden sonar duras. Se trata de entender que las decisiones que otras personas han tomado no son las que yo tomaría hoy en día y que eso no me convierte a un traidor”.