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Laburo

Estas personas pegaron un giro TOTAL y cambiaron de profesión cuando tenían su vida armada 👀

Actualizada 14/11/2018 05:56

La última escena de Naufrago, la peli de Tom Hanks y su pelota Wilson, es el principio de esta nota: para él toda su vida anterior quedó atrás, perdió años, a su esposa, todo lo que tenía, y ahora solo queda futuro indeterminado por delante.


La necesidad de cambiar es parte de la vida, algo que te tira a buscar un destino diferente.

Se lo preguntaba Steve Jobs cuando se miraba en el espejo todos los días: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?”. Jobs decía que si la respuesta era “no” durante demasiadas veces, sabía que había llegado el momento de cambiar.

Eso les paso a estas personas: un día escucharon un clic en sus cabezas y dieron vueltas sus días.

Josefina quería dibujar más que nada en el mundo

Hoy es una exitosa dibujante, con dos libros publicados, pero la vida de Josefina Jolly (33 años) no fue siempre así . Hubo un tiempo en que, después de estudiar turismo, trabajaba en una aerolínea en el Microcentro.

Así lo cuenta:

“Dibujé toda la vida, pero empecé a ir a clases de dibujo en 2013, tenía una amiga que dibujaba y me anoté. Como no me divertían las consignas tradicionales de la clase de dibujo (un planta, una botella, un paisaje) dibujaba recetas de cocina, y después las subía a Instagram. Unos meses después, hice una campaña de crowdfunding en Ideame para poder hacer libro con las recetas dibujadas. En 2015 se publicó Cocinar y dibujar” 📓


Pero el trabajo “formal” todavía seguía ahí. Hasta que se dio cuenta de que estaba ganando lo mismo por los trabajos como ilustradora que con lo que sacaba en la aerolínea. No renunció, sino que de alguna manera la vida la fue llevando. Así:

“Me pareció anecdótico y no renuncié a mi trabajo, pensaba que lo del dibujo era un hobby con momentum y que pronto todo iba a volver a la normalidad. Vivía sola, pagaba alquiler, expensas, obra social, era una locura renunciar a eso. El salto lo di a la fuerza, cuando me echaron de mi trabajo. La aerolínea en la que trabaja se convirtió en una low cost, y me quedé sin trabajo. Ahí fue que decidí probar dedicarme a la ilustración”.

Este año publicó “313 dibujos de Buenos Aires”, con dibujos de edificios de la ciudad que empezó a hacer cuando terminó el libro anterior y ya no quería dibujar más recetas. El libro, editado por Galería Editorial, está buenísimo y sus ilustraciones incluso sirven para hacer cuadritos o para recorrer la ciudad porque el libro incluye un mapa virtual para ver dónde están los edificios que dibujó Jose.


PAULINA DEJÓ LA SOCIOLOGÍA POR LOS SABORES DEL MUNDO

La protagonista de esta historia era socióloga… bah, sigue siendo, pero cuando estaba haciendo su doctorado apareció la necesidad de descargar un poco de presión.

“Siempre cociné, pero de forma amateur, y después le agregué la producción de contenido audiovisual. Y me dí cuenta de que no quería dejar de hacer videos de cocina ni loca, así que empecé a buscar las formas de sostenerlo económicamente para poder seguir haciéndolo”, dice.


Para Paulina nunca existió ese momento del “click” sino que se fue dando, de manera “mágica e intuitiva” ✨

“Simplemente tuve claro que era muy feliz haciendo los videos y le di para adelante, sin pensar demasiado”, dice.

No todos entendieron los por qué de su cambio de rumbo vital. De hecho, la mamá una vez le tiró: “¿Por qué no te dejás de hacer pelotudeces y te dedicás a lo tuyo?”. Pero nada detuvo a Paulina (41 años), que se ve cocinando “toda la vida” y le va MEGA bien.

Emmanuel dejó las finanzas para convertirse en un empresario muy exitoso

Emmanuel Paglayan dejó una vida de éxitos para “tirarse a la pileta” con una “jugada” que no daba muchas seguridades.

Con el título de Economía de la Universidad de San Andrés y un MBA de la Georgetown University, de tener una carrera exitosa en el mundo de las finanzas -17 años que incluyeron el Banco Central y la presidencia de la filial latinoamericana de un fondo de Private Equity estadounidense, entre otros puestos- Emmanuel decidió dejar de laburar en relación de dependencia para tener su propio emprendimiento.


Se trata de Ninina Bakery (aunque todos la llaman Ninina), un lugar que tiene algo de panadería, otro poco de confitería y mucho de bar, con una onda refinada y cool. Sobre la parte más empresarial de esta historia se puede leer más acá y acá, pero se puede decir que este año esperan facturar $90 millones 💸

Ahora ya tiene tres sucursales (la primera, en Palermo; otra en Villa Urquiza y la última, que abrió este año, en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires), pero todo arrancó en 2011, cuando tuvo la idea, y en 2014, cuando abrió el primer local.

“Por un lado, sentía la necesidad o la inquietud de hacer algo más tangible y donde tuviera un contacto más directo con mi cliente. En mi último trabajo en el mundo de finanzas mis clientes eran inversores institucionales a quienes en la mayoría de los casos no conocía y eso hacía que mi trabajo en parte fuera algo impersonal. Y por otro lado, sentía la necesidad de realizarme como persona haciendo algo propio. Me atraía mucho el desafío de crear algo de cero, moldeando cada detalle para reflejar mis valores y principios en el manejo interno de una empresa y en la propuesta de la empresa hacia el cliente”, explica.