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Funeral

Ricardo es funeral planner y te cuenta cómo es su laburo 💀😱

Actualizada 17/05/2018 07:53

Ricardo Péculo tenía ocho años cuando empezó a trabajar. Si estaba en penitencia porque no había hecho los deberes, su castigo era no poder salir de noche a buscar cadáveres 💀

Parece una pesadilla, pero para el director funerario, la suya es una ocupación como cualquier otra. Excepto por un único tema: “El problema es que los muertos son impuntuales. Vienen en el momento menos indicado: o se mueren todos juntos o no se muere nadie”, dice.

Por la rareza de su laburo, su día laboral no era de ocho horas sino más bien de muchas guardias. Con el tiempo, su vocación evolucionó: de llevar ataúdes pasó a “preparar” y maquillar a los cuerpos. Más adelante se convirtió en un funeral planner. Como los wedding planners, los que organizan casamientos, pero de funerales.

Las dos tareas básicas de su rol de funeral planner son la tanatopraxia -preparar el cuerpo- y la tanatoestética -maquillarlo y dejarlo impecable para el momento del funeral-.


Para las dos cosas se necesitan maletines con materiales especiales. En el primer caso, con químicos que se inyectan para evitar que el cuerpo se descomponga; en el segundo, con rimel, rubor y delineador, entre otras herramientas. Son los mismos elementos que usan los vivos para maquillarse, pero el trabajo puede ir más allá de dejar “presentables” a sus clientes: “Me pidieron uñas esculpidas de los pies para una mamá coqueta”, cuenta.

Cuando termina lo técnico, empieza la organización del evento. Como toda ceremonia tiene un gran componente emocional, dice que recibe muchos pedidos para “personalizar” el funeral y hasta hacerlo temático.

River y Boca salen por igual, dice. También hay muchos apasionados del golf y de la pesca. Además se arreglan los recorridos: los familiares del muerto o la muerta piden que el ataúd pase por un club de barrio, una cancha de fútbol o “cualquier espacio donde haya pasado mucho tiempo en vida".


Los jóvenes suman cosas nuevas. Desde incorporar códigos QR a las sepulturas hasta transmisiones en vivo, Ricardo tiene que trabajar cada vez más con pantallas para organizar las ceremonias. “Están modernizando los ritos, pero los sentimientos no cambian en nada”, dice.

Alrededor del mundo se ven varios ejemplos de cómo están cambiando las costumbres: se abandona el entierro para pasar a las cenizas.

En ese formato, se pueden enviar a la superficie lunar por US$ 12.500 o guardar en un anillo de diamante de dos quilates por US$ 17.000. El abanico es enorme e incluye la posibilidad de que los restos se transformen en un osito de peluche hasta en un vinilo para escuchar música.

Ricardo lleva 120 funerales organizados y asegura que la contratación de sus servicios es necesaria por un solo motivo: nadie sabe cuándo se va a morir.

“¿Cuándo es temprano y cuándo es tarde para organizar un funeral?”, se pregunta. Mejor, entonces, tener todo planeado. En su caso, por ejemplo, ya tiene el ataúd: en la tapa hay una foto de él vestido de gaucho. “Cuando sale mi ataúd en los medios, la gente me dice que quiere uno como el mío. Yo les propongo reunirnos la semana siguiente pero nunca más me llaman. Se ve que todavía hay mucho tabú”.