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fiestas

¿Sirve o no sirve hacer balances cuando llega fin de año?⚖  

Actualizada 27/12/2016 01:00

Entre el festejo y la frustración, están los balances: ¿Cómo evitamos el estrés de poner todo en la balanza?


El fin de año no sólo es sinónimo de balances generales, políticos, mundiales y sociales sino de los que muchas veces son los más temibles de todos: los personales.

Hacer un balance puede ser una nueva oportunidad de reflexionar sobre los aprendizajes del año que pasó y plantearnos metas y objetivos para el nuevo año calendario que empieza, pero también funciona como un arma de doble filo: nos podemos encontrar con que lo que nos habíamos propuesto, no sucedió.

La época de fiestas tiene la particularidad de que convivan en ella tanto la alegría de los festejos como muchísimo estrés y el cansancio acumulado de los meses que pasaron.

Si a eso le sumamos la posibilidad de encontrarnos con un balance personal que inclina la balanza hacia lo negativo, es muy fácil que el jolgorio de las reuniones y festejos se transforme rápidamente en frustración y malestar.

¿ES REALMENTE NECESARIO HACER UN BALANCE?


La realidad es que no. Podríamos evitar el momento de instrospección y seguir adelante con nuestras vidas sin que nos afecte el momento del año, pero a la vez estaríamos perdiendo la posibilidad de poder separar los saldos negativos y positivos del año: decidir en torno a cuales queremos construir un aprendizaje, de qué situaciones quisiéramos alejarnos para estar más felices y sobre todo, valorar aquellas situaciones, cosas o personas que nos hicieron bien y sostenerlas y hasta amplificarlas en el próximo tiempo.

A veces, cuando parece que no hubiéramos logrado nada más que pasar el año como pudimos, nos estamos perdiendo de ver todas aquellas situaciones, pequeñas o extraordinarias, que contribuyeron a nuestro crecimiento. Si por miedo a no cumplir nuestros sueños no nos propusiéramos ninguno, ¿Cómo haríamos para crecer en algún momento?


No te des con un caño, por favor.

Para evitar caer en el auto engaño y el flagelo de sólo ver el vaso medio vacío, nuestra psicóloga Mariela nos aconseja:

      “La receta es tan simple como difícil de ejecutar: sentarnos en un sillón cómodo, con lo que nos guste tomar. Celular, tele, compu y demás es apagados. Y ahí arrancar, con lo que se nos ocurra a pensar en esas preguntas. La idea es sincerarnos. Y organizar en función a ello, reconocer nuestros límites, y qué podemos hacer con eso.”
 


Una vez que decidimos hacer un balance honesto sobre nuestro año, ¿Cómo evitamos frustrarnos y usar esa energía en plantearnos nuevas metas?

Según nos dice Mariela “Siempre es bueno hacer balances en tanto no se usen como martirio, no es para torturarnos porque no hicimos la dieta que prometimos o no cambiamos ese trabajo de mierda por uno mejor. Eso no tiene que ver con un balance sino con auto sodomizarnos, y el fin de año se convierte en una excusa. Si podemos entender la falta como propiciatoria, la cosa cambia: ¿Qué más cerca de nuestro deseo podemos estar? ¿Qué tan dispuestos estamos a cambiar?


¿Depende realmente de uno cambiar?

Podemos plantearnos mil preguntas dependiendo de nuestras particularidades y nuestro contexto, pero hay que evitar caer en el “No tengo suerte”, “A mi no se me da”, “A todos les pasa menos a mi”.

Es imposible plantear una meta que dependa de las circunstancias, por lo que un buen ejercicio puede ser reemplazar el “Conseguir un trabajo nuevo” (que depende de la suerte, las búsquedas, la economía, un tipo en Recursos humanos) a “Voy a hacer mi mejor esfuerzo por conseguir un nuevo trabajo” (que depende de tus ganas y tu voluntad).

Para el balance, le preguntamos a Mariela cómo considera que es mejor plantearnos estas dudas.

“La pregunta gira en torno a nuestro accionar: ¿Qué tanto hice por mí este año? Porque seamos sinceros, responder órdenes es fácil, tedioso pero fácil. Ahora bien, hacer esa dieta o cambiar esos hábitos que te hacen ruido implica meterse en un camino que no está hecho, y esa posibilidad puede meter miedo. Pero termina siendo como una maraña de lanas: agarrar una hebra y seguirla tan lejos como se pueda, y ahí, con eso tejer nuestra trama. La propia, con nuestro punto, que va a ir mejorando en tanto no lo soltemos.”


¿Es normal que las metas nos asusten?

Convengamos en que el miedo al fracaso, a la incertidumbre, a no saber si vamos a ser capaces de sostener ciertos compromisos con nosotros mismos puede ser abrumador. Para eso, Mariela nos lo explica con una simpleza que transforma el miedo en optimismo:

“Meter un cambio en la vida debe dar miedo (si no, no es un cambio: podemos decir que el miedo es una señal de que vamos por el buen camino), pero hay algo seguro: si lo atravesamos, vamos tener un plus que nadie puede robar.”


Fin de año puede ser un momento más en el continente de cientos de días que sean aún más significativos que cualquier fecha calendario que implique un festejo, pero es una gran oportunidad para simbólicamente, apostar al cambio, a la mejora, a la evolución personal y a tomar los recorridos del años (positivos o negativos) como experiencias sobre las cuales armar bases más sólidas para los siguientes.

Olvidate de buscarte el error, la insuficiencia y lo que no fue para transformarlo en el motor de lo que sí queres que pase, lo que estás dispuesto a poner de vos mismo para que suceda y aún en el mar de estrés que puede ser esta fecha, apoyarnos en lo simbólico para tomar carrera para los desafíos por venir: según como lo miremos, un nuevo año no son más que 365 hojas en blanco para escribir nuestra historia.

¿Y vos? ¿Ya hiciste tu balance?

Fuentes: Licenciada en Psicología Mariela Andrea Cianciosi (MP:53459)