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Feminismo

Georgina Orellano es puta y feminista y nos contó cómo lucha para defender esas dos identidades 💪 

Actualizada 14/04/2017 09:00

Ella es activista y quiere que reconozcan el trabajo sexual legal como una actividad laboral.

Georgina Orellano es trabajadora sexual desde los 19 años.

Actualmente es la secretaria general de AMMAR (Asociación Mujeres Meretrices de Argentina). Nos habló sobre lo que le reclaman al Estado y lo que pasa al autoproclamarse “puta feminista”.

Orellano explica que la palabra “puta” es utilizada para señalarlas, aleccionarlas sobre lo que estarían haciendo mal y usada para intentar devolverlas a las normas.

Y no sólo a ellas, a varias feminidades.

Lo empoderante fue tomar esa palabra como parte de nuestra identidad política, sacarle esa carga negativa y peyorativa, y justamente reivindicarla. Un acto de sororidad feminista”, dice.

“No se utilizan otras actividades laborales como insulto. Para mí ‘hijo de CEO’ podría ser un insulto. Pero no se utiliza porque es totalmente aceptado ese trabajo”, cita.


LO QUE SE LE RECLAMA AL ESTADO: QUE SE RECONOZCA EL TRABAJO SEXUAL LEGAL COMO UNA ACTIVIDAD LABORAL

En el reclamo se exige que se deroguen todas aquellas normativas vigentes que le otorgan mayor poder a las fuerzas de seguridad para que persigan, hostiguen y detengan a los y las trabajadoras sexuales.

“Exigimos acceder a derechos laborales, aportes jubilatorios, vivienda digna, salud integral, créditos, derechos que no tenemos por trabajar en la clandestinidad”, explica Orellano.

Mientras tanto, en relevos que realiza AMMAR, se observa que el 81% de las denuncias de las compañeras fue por violencia institucional y el 19% por vulneración de derechos en general.

Gran parte del problema parece ser la parte del cuerpo con la que ellas trabajan:


GEORGINA PASÓ SEIS AÑOS OCULTÁNDOLE SU TRABAJO A SU FAMILIA: “TENÍA MIEDO QUE MI MAMÁ SE ENOJE CONMIGO”

Cuando decidió contárselo fue preparada para lo peor, pero la respuesta la sorprendió: “No voy a meterme en tu vida mientras vea que mi nieto esté bien. Vos saliste adelante así que yo no soy nadie para juzgarte”.

Santino es el hijo de Georgina. A los 6 años empezó a leer y había que contárselo porque él estaba en AMMAR con su mamá y leía todo lo que tenía a mano. Con él fue distinto, ya iba a las marchas y tuvo una educación sin prejuicios.

“Le dije que era trabajadora sexual, que el trabajo consistía en compartir el tiempo y darle amor a las personas solas”, y que todavía había algunos lugares donde no lo iban a entender, que cuando sea más grande y con más herramientas iba a poder explicarlo.

Y como las escuelas todavía tienen esa estructura vieja de la familia tipo (mamá, papá, dos hermanos) cuando en plástica tuvo que dibujar y contar de qué trabajaba mamá dijo: “es trabajadora sexual” y la maestra entendió “trabajadora social, qué bien” y Santino la corrigió “no, sexual, y le da amor a las personas solas”. Notita para hablar con la directora.


Georgina antes de asistir se asesoró con Inadi, pero de nuevo, sorpresa. La directora le dijo que la escuela estaba disponible para todo lo que Santino y ella necesiten.

Hace poco un compañero de escuela le preguntó si su mamá era puta. Santino respondió que sí, y que era la secretaria de todas las putas del país. Y siguieron jugando.

“No hay nada más gratificante que venga una compañera y te cuente que se lo contó a la familia y la aceptó. Eso es lo que queremos, que podamos salir del closet y no tengamos que andar mintiendo. Es súper feo tener que vivir ocultando una parte de tu identidad, es como reprimirte a vos misma”, comenta Orellano.

Georgina se encuentra preparando su libro ‘Puta y feminista’. Para saber más de su trabajo y activismo podés seguirla en Facebook.