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En primera persona

Maquillo gente muerta: cómo es trabajar de tanatoesteticista ⚰️

Actualizada 27/07/2017 07:56

Me llamo Silvia Sánchez, tengo 45 años y trabajo como tanatoesteticista: me encargo de la estética de personas que están muertas, es decir, las preparo para que se vean bien en el velorio.


COMO EMPEZÓ TODO

Estudiaba ceremonial y protocolo y tuve que hacer obligatoriamente un curso de ceremonial exequial y fúnebre, ahí definí lo que yo quería seguir. Había de tanatoestética y tanatopraxia, que es la parte de embalsamamiento (ahí se usan materiales especiales, líquidos). La parte de estética es justamente poner lindo el cuerpo, nada más. Yo hice ese seminario y cuando el profesor me vio entusiasmada, me ayudó con media beca para tomar el curso aparte.

La primera vez que me mandaron por un trabajo era una noche tenebrosa, había truenos y yo estaba sola con el cuerpo en la cochería que se iluminaba con los rayos. Lo cuento y se me pone la piel de gallina.

Nosotros no hacemos eso de pegar la boca, la cosemos por adentro, el frenillo superior y el inferior, y así vamos formando la boca. Si le faltan dientes ponemos algodón, vas formándole la cara, taponás la nariz y los orificios para que no salgan líquidos ni olores, es todo un proceso y la primera vez me costó mucho. Yo estaba sola y si me pasaba algo o no me salía, no tenía a nadie que me ayudara.

Para mí no es un trabajo más. Lo que yo hago es una pasión.

Una vez llegó un cuerpo de Dubai y pude ver otra cultura, cómo manejan el cuerpo, ese llegó hasta con perfume adentro de la caja donde vino, envuelto como momia… lo tuvimos que ir a buscar a Ezeiza, fue todo un proceso que me dejó mucho aprendizaje.


ENFRENTARSE CARA A CARA CON LA MUERTE

Yo hago tanatoestética que es maquillaje, teñir el pelo, afeitarlos, vestirlos, vestir la cama… es gente que puede pagar ese servicio, gente con dinero que velan mucho en la casa, a veces hasta en las casas mismas se arman las capillas (cuando ponés el féretro y la cruz) o a veces se hace en la misma habitación.

En general es gente mayor, nos dan la ropa que quieren ponerle, se le cambian las sábanas de la cama y se le arreglan las uñas. Otro servicio es el de la cochería, donde no tenés contacto con el familiar pero te dan una comanda con indicaciones.

Este es el mejor trabajo que tuve en toda mi vida laboral, mis compañeros son unos genios. Por suerte nunca me tocaron criaturas, me impacta mucho la gente joven.

Una historia que me conmovió fue la de unos viejitos, la familia pidió que vayamos a cierta hora. Cuando se muere alguien vas a buscarlo enseguida, pero en este caso nos dijeron ‘vénganse a las dos de la mañana’: tuvimos que esperar a que la señora se durmiera para sacar al marido que ya había fallecido porque ella no lo iba a tolerar, así que lo sacamos cuando ella ya estaba dormida. Lo que pasó al otro día no lo sé, pero yo lloré porque me pareció una historia de amor hermosa.

Lo mejor de este trabajo es la relación que tengo con los muertos, para mí no son muñecos. Todos pasamos en un momento de la vida por la pérdida de un ser querido y yo los trato bien, les hablo, porque me gustaría que el día que me pase, por ejemplo, con mi mamá, hagan lo mismo con ella, con su cuerpo. Hay mucho respeto siempre por parte de todos.


LO MÁS DIFÍCIL

Lo que más me cuesta es disimular las lastimaduras. Una vez me pasó que una señora tenía hecha una traqueotomía y si bien uso un maquillaje especial y unas ceras que rellenan, las traqueotomías son habitualmente perforaciones muy grandes, así que cuando nos dieron las alhajas que le iban a poner vimos que había un collar de perlas y le pusimos una perla en el agujero, quedó divina.

Otra vez me pasó que maquillé a una señora con los productos que ella usaba (me los había dado la familia) e hice un maquillaje normal, pero venía la nieta y le ponía mucho rubor, yo se lo sacaba y ella se lo ponía de nuevo… en un momento me di cuenta de que para sus nietos, esa era su abuela, la que tenía mucho rubor. También me pasó con una señora a la que me pidieron que le hiciera la planchita pero había tenido una enfermedad y el cabello se te quedaba en las manos, era imposible plancharle el pelo porque la íbamos a dejar pelada. En ese momento tenés que tratar de convencer a la familia, porque a veces no se puede mostrar al familiar como a ellos les gustaría.

La peor fue una familia muy dudosa: el señor se había caído en una pileta en pleno agosto, era un tío millonario y toda la familia me quería hacer tapar ciertas marcas. Yo les dije que de eso no iba a participar, hay una parte legal y si veo marcas raras tengo que avisar enseguida a la policía. Dije que no porque después la que iba a quedar pegada era yo, esa no es la manera.


MI TRABAJO NO TIENE NADA QUE VER CON EL DE UNA MAQUILLADORA DE PERSONAS VIVAS

Yo no me sé maquillar, a veces mis amigas me dicen ‘maquillame’ y soy un desastre. No es para nada lo mismo. Vos lo estás haciendo sobre algo que está duro, quieto, estático, no te mueve la cara, no te hace expresión, no te hace muecas, nada que ver.

La empresa nos da protectores bucales parecidos a los que usan los boxeadores para armar la cara. Si la familia no te da la dentadura y no tiene los dientes, a los viejitos se les hunde la boca para adentro. Yo prácticamente ni uso lo que me dan, mi trabajo es todo artesanal. Las familias o el personal de la cochería siempre antes de que te vayas te dan el ok y se sorprenden del resultado. Yo veo la reacción de la gente cuando ve a su familiar, la comparación de como lo habían visto la última vez después de haber muerto y cómo lo ven preparado en el ataúd y ahí me siento satisfecha.

Generalmente lo que hacemos es maquillar marcas, como por ejemplo las que dejan los tubos de oxígeno. Es darles un poquito de color, borrar ojeras, borrar lastimaduras. Hay personas que estuvieron internadas mucho tiempo y ves cosas como que les creció el pelo y, si era una persona que se teñía, entonces les damos color en el cabello, lo mismo que las uñas: si les crecieron o se les saltaron le ponemos esmalte porque sus manos eran otras. Esto no es un maquillaje social, sino mantener la forma en la que habitualmente se veía la persona.


Testimonio obtenido por Sol Heberle