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En primera persona

Daniel nació en una villa. Hoy quiere llevar sus videojuegos a TODO EL MUNDO

Actualizada 15/11/2016 06:57

Tuvo una infancia muy jodida y pudo zafar gracias a los jueguitos. Aprendió a programar y hoy necesita guita para terminar su último juego.

Daniel Simons sabe que podría haber terminado mal. Todos sus amigos del Barrio Illia, en el Bajo Flores, terminaban mal. A él lo salvaron los jueguitos.

Su viejo volvía muy tarde del laburo y su vieja murió cuando él tenía 15 años de una sobredosis de pastillas para tratar la depresión.

“Los juegos eran lo único que me entretenía. Tenía un amigo en el barrio y terminaba en la cárcel o lo mataban”, cuenta.




Tenía diez años cuando empezó a darle a los videojuegos y arrancó una relación que nunca abandonó. “A mí los videojuegos me generaron muchas emociones y me cambiaron la vida. No lo tomo como un pasatiempo. Para mí fueron como un amigo”, tira.

Poco a poco, fue metiéndose más en ese mundo y aprendió solo, con tutoriales en Internet y en Taringa!, a desarrollar sus propios videojuegos.

En el secundario ganó el concurso “Desafío Dale Aceptar”, del gobierno nacional, con un jueguito que hizo en pocas semanas mientras iba al colegio y laburaba en una panadería. “Me gané una Play Station que vendí para comprarme una computadora mejor para seguir jugando. Me invitaron a Casa Rosada y todo”, cuenta.


Hoy tiene 23 años y un objetivo por cumplir: llevar a su juego Bildo a todos lados. Se trata de un juego tipo puzzle que cuenta la historia de un personaje que, al ver que su mundo está triste, va en busca de colores para devolverle la felicidad a su planeta.

Daniel armó una campaña en Idea.me, y un post en Taringa! para promocionarlo, en donde busca conseguir fondos para poder terminar el juego y llevarlo a todas las plataformas: PC, Linux, Mac y una versión para Android.


“El juego en sí es una metáfora de lo que me pasa en mi vida. Tiene que representar sensaciones, que sea arte”, tira. Aunque dedicarse al negocio de los videojuegos no es algo fácil, Daniel tiene fe. “Soy una persona que si quiere algo va, lo hace y lo cumple. La vida me enseñó a no rendirme y a no bajar los brazos. Si hay alguien que puede hacerlo soy yo”.