Tenemos el mejor newsletter del mundo mundial. Posta!

Lo escribimos a mano. Un correo por día con noticias para nuestra generación. Simple. Sin vueltas y sin spam 😉

educación

Agostina pidió ayuda en Instagram y Twitter y armó una escuela en India donde aprenden 100 chicos 👏

Actualizada 16/03/2017 01:28

Se fue a vivir con su novio médico y su hija a Delhi. Vio mucha pobreza MAL. Quiso ayudar y pensó en las redes sociales. Le salió muy bien!

En julio de 2014, Agostina Di Stefano se mudó con su hija y su novio a Nueva Delhi, la capital de la India.

Él trabaja para Médicos Sin Fronteras y le asignaron una misión en ese país.

Ella siempre había soñado con conocer India. Así que se fueron para allá por dos años (que ya son tres).

Como a todo el mundo, de entrada, Delhi la shockeó:

“La ciudad es muy impresionante, porque es hostil, hay mucha miseria, mucha desesperación y nosotros en Argentina no estamos acostumbrados a ver a la gente en el estado en que las vemos acá: mutilados, leprosos, gente con polio”.

Otro mundo muy diferente

También la impactó el sistema de castas hinduista, que clasifica a las personas en cuatro grandes grupos sociales fijos, según la familia a la que pertenecen.

“Llegás a India y pensás ‘el mundo es una mierda de verdad’. Acá la gente no puede contar ni con el estado ni con nada porque son millones, no hay un sentido del individuo, vos como individuo no valés una mierda a menos que tengas plata”, cuenta Agostina desde allá.

Delhi le estaba pegando mal y buscó algo para hacer para no volverse loca.

Pasó por varios proyectos que no la convencieron hasta que llegó a Motia Khan, un night shelter (refugio nocturno):

“Es un edificio de tres pisos que está ocupado por unas 25 familias y a la noche cualquier persona de la calle paga 10 rupias (unos dos pesos) y puede dormir. Una amiga colombiana iba con un grupo de francesas a dar leche y primeros auxilios a niños y mujeres de ese lugar dos o tres veces por semana. Yo me encariñé mucho con Chenna, una nenita que estaba muy mal, desnutrida, con parásitos y no podía caminar”.


PONER EL CUERPO



La mayoría de las personas que viven en Motia Khan nunca fue a la escuela y Agostina propuso convertir en aula una habitación que había desocupada en el refugio.

“Publiqué fotos del shelter en Instagram y Twitter y un montón de gente empezó a ayudar. Hice una lista de deseos en Amazon India y en Argentina la gente compraba cosas, útiles escolares que me llegaban a mi casa. Con todo lo que junté empezamos a armar la escuela: un día llevé lápices de colores a ver qué pasaba y todos los chicos se coparon muchísimo”.

Un aula para cambiar el mundo

Armaron la escuela, que empezó a funcionar con 50 chicos en noviembre de 2014. Y fines de 2015 buscaron otro lugar más grande.

Querían un espacio en mejor estado, más limpio, sin ratas ni suciedad.

“En febrero de 2016 alquilamos un departamento a una cuadra del shelter. Contratamos a dos maestras más y empezamos a dar clases y apoyo escolar para unos cien chicos”, cuenta Agos.

Los chicos cambiaron un montón: no solamente porque están aprendiendo a leer y a escribir, sino porque además pueden desayunar y almorzar en el refugio.

Muchos de ellos ahora también van a la escuela formal y algunas mamás empezaron a trabajar en el refugio como cocineras o en la limpieza.





INDIA CORAZÓN

“En India todo cuesta. Nunca salís y decís “hoy es un día normal”. Incluso si te quedás en tu casa pasan cosas locas: o se se te mete un mono o querés ir al kiosco de enfrente y hay una vaca sentada en el medio o te toca el timbre un tipo todo adornado que te habla en hindi y te quiere vender unos pétalos bendecidos. Todo esto, una vez que pasas el horror inicial que te cansa y estresa muchísimo, es adictivo, porque nunca un día es igual al otro, siempre pasan cosas excepcionales que no podés creer. Nunca llega el hastío, podés estar enojado, tener mucha bronca o podés estar tan feliz que se te sale el corazón, esas son las dos maneras de estar, nunca aburrido”.