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Deportes

Cómo es ser jugador de la Selección argentina de Bossaball, un deporte que mezcla voley, fútbol y bossa nova ⚽

Actualizada 31/08/2017 06:28

Nicolás Sosa es uno de los pocos argentinos que juega al bossaball, un deporte mixto que tiene poco más de 10 años y mezcla toques de voley, fútbol y gimnasia. Se pueden hacer acrobacias en el aire y se juega en un colchón inflable con dos trampolines elásticos, uno de cada lado de la red que divide la cancha.

Le dicen “Colo”, es estudiante de Educación Física y juega al voley desde chico. Llegó al bossaball porque un compañero de la facultad se lo recomendó y le insistió. Nico le dio una oportunidad y hoy representa a Argentina internacionalmente.

Omer Jesús es amigo del creador del bossaball, el belga Filip Eyckmans, y fue quien trajo la franquicia. El nombre del deporte se debe a la música en vivo que se pasa mientras se juega.

Nico cuenta que a las exhibiciones van DJs que tocan bossa nova, zamba y zumba, pero para entrenar ponen una playlist oficial de Spotify.


BOSSABALL, PRIMO HERMANO DEL VOLEY

“No hay ningún requisito puntual para jugarlo. Lo que más se necesita es tener idea del voley. Algunos no manejaban la técnica del voley pero sí sabían ganar altura en los saltos en el trampolín y se adaptaron a esa posición”, le cuenta Nicolás a UNO.

Aunque se parezca, el bossaball no es parte de la Federación Internacional de Volleyball. Igual la FIVB lo apoya por una de sus ramas que se llama Voley a tu manera. Las diferencias están en que el bossaball es mixto, se juega cuatro contra cuatro y no es obligatorio rotar: “Cada jugador tiene o se entrena para un puesto específico. Puede haber cambios en la posición del trampolín porque es muy desgastante estar saltando todo el tiempo para poder atacar”.


Como la red de la cancha se encuentra a 3,75 mts. sobre el nivel de la cancha, no del piso, solamente la persona que esté en el trampolín puede tomar altura para atacar. Nicolás juega en el fondo de la cancha y a veces pasa al trampolín.

Cuenta que los trucos tienen nombres chistosos o de animales para identificarlos más rápido durante el partido: “Me gusta hacer piruetas en los saques o atacar con chilena. Pero las que más me gustan son el “tiburón”, que es atacar con el pie con una patada descendente, y la “rana”, que es saltar dando un invertido y atacar con las manos entre las piernas”.

El bossaball está creciendo muchísimo en estos dos últimos años, sobre todo en Holanda y Bélgica porque tienen ligas. Y en Latinoamérica Colombia tiene muchas canchas distribuidas dentro del país y realiza competencias frecuentemente.

Acá no lo juegan muchas personas porque no hay un espacio para dejar la cancha armada y entrenar.

“Igualmente el nivel es muy bueno. Argentina está posicionada como el segundo mejor equipo del mundo”, cuenta.

Nicolás compitió en los últimos eventos que jugó Argentina. En el 2015 en España, se esperaba que los argentos terminasen últimos porque tenían varios jugadores nuevos. “De repente todos pensaban que íbamos a terminar primeros. Llegamos a la final contra Bélgica y la perdimos muy justos”, dice. Y cuenta también la final contra Holanda en Río 2016: “Se esperaba que la final fuese otra vez entre Bélgica y nosotros. Sorprendió Holanda, que están siendo considerados los mejores del mundo. Llegamos a la final y pasó lo mismo”.

Nicolás practicó muchos deportes pero nunca se imaginó que iba a terminar jugando bossaball. Gracias a esto recorrió Europa y conoció Egipto y Brasil: “Ahí conocés mucha gente que se suma a jugarlo porque es muy llamativo y divertido”. Ahora espera los tour de verano por la costa argentina, para que más gente conozca el bossaball.