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Laburo

Cinco entrevistas laborales RARÍSIMAS 😳😳😳

Actualizada 07/03/2018 03:21
Cuando uno está buscando laburo, hay de todo. Acá vamos a tocar las entrevistas laborales más raras, extrañas y dementes: ni barderas ni violentas, solo extrañas. La primera que voy a contar me paso a mí.

#1 Yo (Sebas): un posgrado para vender lapiceras

Corría el 2002 y la cosa estaba brava (la desocupación llegó a superar el 20%). Además, los trabajos no se buscaban por los sitios de trabajo o las redes sociales sino con los clasificados del diario (esto significa que si no tenías guita para comprar el diario, tenías que pedirle a un kiosquero amable que te lo dejara leer o apelar a la solidaridad de extraños).

Resumiendo, un día de calor (creo que era diciembre) estaba en una cola esperando para aplicar en un aviso que decía que era en “área comercial” y que requería “estudios secundarios completos”. Pensé que de mínima sería un call-center y de máxima, un trabajo administrativo o en local.

Pero no: resultó que, a los 20 que entramos (llamaban por tandas, éramos cientos, hasta me crucé con compañeros de la escuela secundaria) nos dijeron de qué iba la cosa: ofrecían mercadería y comisiones para vender en el colectivo.


#2 ANDRÉS: TRABAJAR DE NO HACER NADA

“La entrevista no fue rara pero el trabajo sí”, cuenta Andrés. “Me llamaron en 2008 para trabajar en un call-center. Lo que hacíamos, junto con otras cuatro personas, era moderar un foro de internet para una tabacalera muy conocida.”

El trabajo era DEMASIADO fácil para ser verdad. El foro era el de una promoción y los usuarios tenían que compartir experiencias sobre la marca. Lo que tenían que hacer ellos era “no aprobar en el foro contenidos alusivos al cáncer y, obvio, malas palabras, odio racial y cosas así”.

Eran cinco días a la semana, turno tarde o noche, e incluía sábados y domingos. Y la promoción fue un fracaso. O sea, que más que moderar contenido, su trabajo al final fue “charlar y tomar mate todo el día durante cinco meses”.


#3 PABLO: TORPEZA AL CUADRADO

Fue a una ONG que se dedicaba a generar una biblioteca para ciegos y cursos para insertarlos laboralmente, entre otras cosas. La entrevista fue perfecta, todo liso, pero el que lo entrevistaba era ciego. Recuerda el protagonista:

“No sabía cómo saludarlo. Estiré la mano sin guiarlo, como no me la dio me acerqué pensando ‘lo tengo que saludar con un beso’.”

De aquí en más, viene lo que parece un sketch, una comedia física donde solo faltaban los pasteles de crema.

“Cuando lo quiero saludar, el tipo hace el gesto de avanzar un poco y dar su mano, que golpea contra mi panza y me alerta justo a tiempo para evitar darle un cabezazo pero no tanto como para evitar pisarlo. Mientras pido perdón por la pisada y vuelvo hacia atrás intento buscar su mano — que ya estaba en retirada — . ‘Era con la mano carajo’, pienso. Logro tomarla cuando su mano estaba casi a la altura de su bolsillo, lo manoteo torpemente de la muñeca, deslizo mi mano hasta la suya, se la levanto a la fuerza un poco. Pido perdón, me doy vuelta y me voy con la certeza de que no me van a llamar en la perra vida.”

¿Y lo llamaron? No, por supuesto que no. Seguro, la torpeza habrá asustado a sus posibles empleadores. “Fue la vergüenza de mi vida”, dice Pablo.


#4 FERNANDO: TOO SEXY FOR YOUR WORK

Recién se había mudado a Londres. Corría 1999 y necesitaba sí o sí conseguir un trabajo para quedarse ahí.

Primero fue a una peluquería “para africanos”. Mintió, dijo que tenía experiencia, pero cuando al otro día se presentó a trabajar vio que el cliente más chico superaba los dos metros y decidió “huir para otra guerra”, en sus propias palabras. Reflexiona:

“El dueño me llamaba a los gritos. Mirá si se daba cuenta que en realidad no tenía experiencia recién cuando le hacía un desastre en la cabeza de alguno; me comían crudo.”

Su siguiente paso fue ir a un bar:

“Pensé que buscaban barman en un bar donde pasaban fútbol porque no sabía que ‘sports bar’ era un eufemismo para club de strippers.”

Está claro que de aquí también rajó. O eso dice al menos.


#5 MICA, LA ZURDITA

Micaela recuerda que, en un psicotécnico que le hicieron en 2007 para entrar el ministerio de Economía, se centraron en sus estudios académicos (ella estaba por terminar de cursar la carrera de Comunicación en la UBA). Cuenta:

“Le comenté al psicólogo la dinámica de la carrera (larga, interminable), las 2 materias que me faltaban, etcétera. Cuando terminé de contextualizar, me dijo, literal: ‘Sí, conozco tu facultad. Ahí son todos zurdos. Todos destrozan el patrimonio público, las instalaciones, las ventanas’.” 😳