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Ciencia

Por qué no paramos de comer aunque sabemos que después nos vamos a sentir mal 🍮🍔🌮

Actualizada 12/06/2017 08:56

Mesa del domingo y ya sentís que no podes más...hasta que aparece el postre. Y decís “un lugarcito quedó”. Y le entrás a esa porción de torta con un cafecito aunque sabes que después te va a doler la panza hasta el lunes. Un clásico.

No hay una respuesta simple que explique por qué, cuándo y cuánto comemos, sino que se trata de una mezcla de factores (culturales, psicológicos, fisiológicos, etc).

También están metidos los genes: son responsables de hasta ⅔ de nuestro peso.


¿Cómo nuestros genes hacen que comamos de más?

Los genes influyen en nuestra relación con la comida de dos formas: modulando nuestro comportamiento y determinando la comida que elegimos.

En el primer grupo encontramos a los genes responsables de que nos sintamos hambrientos.

Algunas personas tienen genes que las hacen más propensas a picotear entre comidas. En otras, sus genes son responsables de que se sientan menos llenos después de comer y por lo tanto sigan comiendo.

A la hora de la elección de la comida, tenemos, por ejemplo, a los genes vinculados a la percepción del gusto. Existen personas más sensibles a los sabores amargos porque sus papilas gustativas tienen más receptores para este tipo de sabor.


Estas personas suelen rechazar algunas frutas y verduras amargas (col y pomelo por ejemplo) y tienen preferencia por comidas más grasosas y/o dulces.

También está la hormona CCK (que nada tiene que ver con el Centro Cultural Kirchner), que es responsable de la sensación de saciedad. Las personas con algunas variantes en el gen de CCK eligen porciones mucho más grandes de comida.

Resumiendo: los genes influyen pero no vale echarle la culpa por nuestros atracones. Las personas somos el resultado de la interacción de nuestros genes y el ambiente, así que depende de nosotros el resistirnos o entregarnos a la tentación de “un poquito más”.

Paula González