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canarios

Conocé al verdadero Birdman: Marcelo convive con 700 canarios y los cuida casi más que a su mujer 🐦😲

Actualizada 08/02/2017 04:04

Todos los días les cambia el agua y les da de comer. “Nunca voy a dejar de hacer esto”, dice. Gasta más de 20 lucas por año en estos lindos pajaritos.

Elizabeth Fernández se queja: “Él pasa con ellos la mayoría del día. Por ser un hobby, es bastante excesivo. Me sorprende el tiempo que les dedica”.

Ella tiene motivos para el reclamo. Es la esposa de Marcelo Rodríguez, un empleado municipal que hace 8 años convive con ella y, además, con 700 canarios de 5 razas distintas. Y los cuida con tanta dedicación que sorprende.


“Me genera mucho placer tenerlos”, le dice Marcelo, de 56 años, a UNO en el aviario que construyó en la terraza de su casa de Villa Soldati.

Marcelo arranca el día a las 5 de la mañana. De ahí se va a laburar a la Municipalidad de Buenos Aires y cuando vuelve se prepara unos mates que los toma con la compañía de los canarios de 5 razas distintas: Roller, Fancy, Norwich, Gloster y Lizard.


Es como un ritual cotidiano: ellos le cantan entre mate y mate y él se siente el hombre más feliz del mundo.

“Nunca voy a dejar de hacer esto, aunque me sienta cansado”, dice. Y eso que mantener todas estas aves cuesta bastante.

TOMÁ MATE Y DEDICATE

Su rutina se basa en llenar diariamente casi 200 pocillos con alpiste y bizcocho, otros 200 con agua.

También tiene que poner bañeras o rociarlos con un spray para que no sufran el calor. Y, además, les cocina huevo duro y les pone lechuga en sus jaulas. Todo eso, cada día.

Gasta alrededor de $1500 por mes en el mantenimiento y $10 mil por año sólo en remedios.


Elizabeth lo mira y siente que Marcelo –un hombre de pocas palabras- tiene una conexión única con cada uno de los 700 canarios. “Inverte toda su energía en ellos”,  le dice a UNO.

Daniel lo conoce a Marcelo hace tiempo. También criaba canarios pero dejó por falta tiempo. Y así lo define:

      “Él es un buen criador, pero está chiflado. No sé cómo hace para limpiar tantas jaulas”

CANARIA OBSESIÓN

Marcelo tuvo su primer acercamiento con los pájaros a los 12 años cuando los vio en una veterinaria. Y ese amor quedó latente.

Luego, por circunstancias de la vida, tuvo que dedicarse a diversos trabajos. Fue vendedor de trapos de piso casa por casa, patovica, cajero en pista de automovilismo, inspector, sereno, alimentador y limpieza en un zoológico, taxista, mecánico, podador del Jardín Botánico, corredor de imprenta, compra y venta de autos y hasta realizó microfilmaciones de planos.


La idea de tener los canarios siguió en su mente durante 15 años y un día se animó a hacer su sueño realidad. Empezó con un canario que le compró a su hijo y, poco a poco, se entusiasmó con la idea de tener más. Así llegó a los 700 de hoy.

Su dedicación tuvo premios en la Federación Ornitológica Argentina, en el Círculo Alberdi y en distintas exposiciones de canarios.

MUCHO AMOR Y MUCHO HUEVO

La crianza de canarios no es cosa fácil. Hace falta saber y, sobre todo, tener mucho cariño.

Los pichones nacen entre septiembre y febrero y Marcelo, con delicadeza, se encarga de darles de comer papilla con una cucharita de plástico.


Gracias a los anillos y los registros que lleva cada vez que se abre un cascaron, puede identificar fácilmente cómo está conformado el árbol genealógico de cada uno de ellos. Esto le sirve para no cruzar machos y hembras hermanos porque nacerían con deformaciones.

Marcelo tiene un botiquín con 12 remedios de prevención que coloca semanalmente en la comida de los 700. Usa vinagre para sacarle los piojillos y usa una especie de bisturí para operar a  los pequeños cuando sufren de algún quiste.


En verano, en el aviario vamos a encontrar los típicos aparatos con tabletas para ahuyentar los insectos. Es que Marcelo está en los detalles.

Si un mosquito pica a un canario podría ser mortal. Y la muerte de uno podría quitarle una parte grande de la alegría que siente al escuchar a todos cantando.

 

Fotos: Melina Rodríguez