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Argentina

Probé por una semana el Hygge, la fórmula danesa para ser más felices, y te cuento si funciona 🙀

Actualizada 14/06/2017 09:11

¿QUÉ ES EL HYGGE?

El Hygge es el nombre con el cual los daneses bautizaron ciertas acciones conscientes que tienen que ver con la inclusión del bienestar, los ambientes acogedores y la felicidad en el día a día .

Es también conocido como “El arte de crear intimidad”.

Estas acciones -o la intención de sumarlas a la rutina con el fin de ser más felices- se volvieron una tendencia mundial y cada vez más personas tratan de sumar un poco de Hygge en sus vidas.

Objetivo: ser más felices en la Argentina de hoy

Todas las notas, ensayos y experiencias sobre el Hygge que leí antes de empezar tenían algo en común: ninguna sucedía en Latinoamérica y mucho menos en Argentina.

Muchas experiencias eran del primer mundo, donde -se supone- hay menos preocupaciones económicas, de seguridad y estabilidad.

Así que mi desafío fue ver si con todo lo que a nivel contextual no ayuda, podía lograr más felicidad.

Un poco sobre mí

Mi rutina es bastante común: soy redactora en una agencia de publicidad en la que trabajo 9 horas. Paso otras dos horas y media en transporte público, soy freelancer y guionista.

Estoy siempre corriendo, como a la mayoría de la gente.

O sea, no suelto nunca la pala y vivo en un estado de ansiedad constante que fue el que me impulsó a hacer este experimento: ¿Qué pasa si en mi caos diario rescato pequeños momentos? ¿Seré más feliz o la ansiedad por serlo me va a jugar en contra?

¿Qué hay que hacer exactamente?

Si bien no hay una única receta, hay varios puntos que se repiten en el “manifiesto” del Hygge y son los que voy a tener en cuenta para mi experimento.

  • CREAR EL AMBIENTE.
  • ESTAR PRESENTE.
  • CONSENTIRSE.
  • SER AGRADECIDO.
  • ESTAR CÓMODO/ABRIGADO.
  • GENERAR UN ESPACIO SEGURO.
  • CONSTRUIR RELACIONES Y EVITAR EL DRAMA.
¿ESTÁN LISTOS PARA SER UN POCO MENOS MISERABLES?


¡Sí, capitán, estamos listos!

DÍA 1


Arranco tranqui: quiero estar cómoda y abrigada así que estreno el sweater más copado del mundo que encima es tan calentito que sentís como si te abrazara la vida.

Real.

Mi día pasa normalmente (agencia, freelos, bondis interminables) pero durante el día -probablemente porque es el primero- me siento muy consciente de que estoy cómoda y abrigada más allá de todo y es reconfortante.

Aún cuando estoy puteando al 55 que no viene.

DÍA 2


El segundo día resulta ser un poco más difícil que el primero.

Cuando me doy cuenta son las once de la noche, yo no paré ni un minuto y ahí me cae mi primera ficha del experimento: no me olvidé de ir a trabajar, de los proyectos que tenía que mandar a tiempo, de los sumarios, de llamar a mis viejos a ver cómo están, hacer las compras y acomodar mi casa, pero me olvidé de dedicarme media hora para disfrutar.

Un poco presionada por la nota decido obligarme a seguir.

Apago el teléfono por un rato, apago las luces del cuarto, pongo el acolchado más suavecito que tengo y prendo la cabecera de la cama (que justamente dice aquí y ahora).

El ambiente está creado, pero me siento tan presionada por desconectarme que me conecto más.

DIA 3


El experimento peligra.

Mucho.

Por cosas de la vida que no vienen al caso me encuentro a la salida del trabajo con un nivel de ansiedad que asumo que puede terminar en un ataque de pánico.

Intento varias veces durante el día que el Hygge me ayude a evitarlo pero no hay caso: el día es un desastre, una seguidilla de bajones y molestias que me tienen sacada de quicio y para culminar, se rompen mis auriculares. ????


No lo pienso mucho, busco opciones, me elijo los más lindos y los compro online.

Me doy cuenta que consentirse es parte del Hygge y que es posible que aún en el medio del caos, esté incorporando un poco de eso sin pensarlo tanto.

DIA 4


Llego a casa.

De nuevo, me costó hacerme un lugar en el medio del día para bajar dos cambios, pero todavía sirve: acomodo un poco el sillón de casa, despejo la mesa y un aromatizante.

En vez de comer como de costumbre (básicamente, hacer una sopa o cortar un tomate para no demorar mucho), me tomo el tiempo de cocinar tranquila y concentrada en lo que estoy haciendo.

Pienso que el momento en el que voy a conectar es cuando me siente a cenar, pero me sorprende que fue mientras cocinaba y escuchaba música cuando estuve mucho más en el momento y relajada.


DÍA 5


Es viernes.

Fue una semana difícil y todavía me espera un fin de semana lleno de trabajo, pero pienso que si algo estoy dejando afuera de este experimento es la parte de construir relaciones.

Decido tomarme dos horas a la salida del trabajo para ir a merendar con mi novio, porque estamos los dos tan ocupados que nos vemos todos los días minutos aún viviendo en la misma casa.

Nivel de Hygge: esta foto es vieja porque no saqué el celular de la cartera en toda la merienda.

Después vuelvo y sigo trabajando, pero me doy cuenta que lo hago mejor y más concentrada.

DÍA 6


Me despierto, escribo un par de horas, voy a ver un departamento que resulta ser la mayor mentira en la historia de los avisos de alquileres y estoy molesta porque tengo que seguir trabajando y perdí tiempo.

Sin embargo, decido frenar el ritmo de laburo en el que vengo y me voy a la casa de mi mejor amiga.

Mi idea es quedarme un par de horas. Me quedo doce, tomando café, charlando, riéndome y sin pensar en lo que tengo atrasado y me va a estar esperando en casa.

DÍA 7


Domingo.

Me despierto y aprovecho a hacer cosas: un guión que debía, una mascarilla en el pelo, limpiar un poco la casa, lavar ropa.

Me sorprende que estoy trabajando mucho más lúcida y rápido que antes.

A la noche llega mi novio y decido coronar el Hygge con una mezcla de varios puntos: pedimos comida rica, apagamos las luces, pusimos la serie que estábamos mirando y nos quedamos abrigados en el sillón, con la estufa prendida.

A la hora de dormir, me duermo una hora más rápido de lo que usualmente me cuesta.


MI CONCLUSIÓN: TREAT YO SELF

Parecen pavadas y cosas que uno hace todo el tiempo pero al registrarlas te das cuenta que no.

Que en la vorágine no te haces el tiempo de disfrutar los momentos, las charlas que estás teniendo o la textura de un sweater.

No sé si el Hygge estará presente todos los días de mi vida pero sé que lo voy a seguir intentando.

Es básicamente, obligarte un poco a desconectar y ser feliz.

Antes del experimento venía con un ritmo de vida demasiado pasado, demasiado preocupada y ansiosa, con insomnio y miedo de no llegar con todo.


Me sorprende cómo decir que no, parar, apagar el teléfono y darme tiempos no sólo no me atrasó demasiado, sino que me hizo llevar mis ocupaciones muchísimo mejor.

Dicen que ser feliz es darse cuenta, y tal vez ejercitando el estar más presente, consentirnos e intentando un poquito cada día serlo, estemos un poco más cerca.


¿LO PROBARÍAS?