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Argentina

3 casos argentinos de biohacking que te van a dejar 😱😱😱

Actualizada 10/09/2018 06:04

Parece de ciencia ficción pero hay mucha gente que se está implantando chips en el cuerpo para poder tener nuevas funciones y estar en contacto con la tecnología.


Los socios de Tigre

Todavía nadie sabe bien por qué lo hicieron, pero a mediados de 2016, el club Tigre dijo en sus redes sociales que los socios “iban a llevar al club adentro… de verdad”.


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En aquel momento, Ezequiel Rocino, secretario General del club, fue el “conejillo de Indias”. Se ofreció para realizar una prueba piloto porque, sencillamente, es al que se le ocurrió todo este sistema.

“Para evitar problemas legales y como soy el impulsor del sistema, corresponde que lo haga yo. Queremos que Tigre sea el primer club del mundo en el que el hincha pueda entrar con solo su cuerpo y además queremos mostrar cómo se puede aplicar la tecnología al fútbol”, explicó a Infotechnology.

“Te dan una inyección y queda alojado entre el músculo y la piel. Te ponen un poco de anestesia local para que no te duela, lo impulsan con la jeringa y queda el chip ahí; no te deja una marca y no te duele, no te das cuenta de que lo tenés”, dice.

2. Franco Falaschi y su chip RFID

Franco Falaschi es diseñador de productos digitales y el año pasado eligió implantarse un chip aprovechando la visita de Janine Medina, una experta en biomedicina e informática estadounidense, y parte del movimiento biohacker, a la conferencia de seguridad Andsec.

Así lo contó en aquel momento:


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Franco nos contó que se implantó un chip NFC pero que no se considera un biohacker.

“El chip se inserta con una jeringa bastante grande entre la piel y el músculo. Se usa anestesia así que lo que sentís es mínimo. Yo sabía que existían los implantes pero claramente no es algo que se consiga acá en Argentina, por eso ni lo dudé cuando me lo ofrecieron. El chip viene “vacío” y uno se encarga de programarlo. La forma rápida: con un teléfono que tenga antena NFC podes bajarte algún programa que escriba algunos datos básicos como pueden ser los de una agenda (nombre, teléfono, correo electrónico, etcétera)”, dice.

Franco llegó al biohacking de la mano de la nutrición, otra de las patas de este movimiento.

“Una cosa me llevó a otra y terminé devorando papers sobre la dieta cetogénica y de cómo podía mejorar la performance cognitiva. La dieta cetogénica me llevó a leer sobre el “Bulletproof Coffee” (café con manteca y aceite de coco) y terminé cayendo en el blog de Dave Asprey, un conocido biohacker de San Francisco. Él habla del biohacking desde un punto de vista nutricional así que eso era lo que probaba; dosificaciones de distintas vitaminas y minerales para buscar rendir mejor y poder trabajar más horas. Inclusive probé algunos fármacos como el Modafinilo, que en Chipre (país en el que viví) era ‘de venta libre’”, cuenta.

Ahora quiere ponerse otros chip RFID en la mano izquierda y también un imán en la yema de los dedos con el que va a saber si un microondas está encendido, por ejemplo.

“Como en muchas cosas hay dos bandos: los que piensan que es todo un plan del gobierno para controlarnos y los que ven la utilidad real de este tipo de implantes y modificaciones: qué pasaría si pudiéramos detectar infartos, o picos de glucemia y segregar insulina, por ejemplo. O ponerle nuestras tarjetas de crédito o documentos, así nunca se pierden; nuestro historial clínico seria súper útil si tenemos un accidente”.

3. Biohacking en el arte

Ana Laura Cantera no se acercó al biohacking para cambiar su cuerpo sino para hacer arte. Ana es artista, magíster en Artes Electrónicas graduada con honores en la Universidad Nacional de Tres de Febrero, licenciada y profesora en Artes Visuales egresada de la Universidad Nacional de las Artes (UNA).

Ana cuenta que trabaja hackeando, en algunas obras, sistemas tecnológicos y vivos para la construcción poética.

“Me interesa el diálogo con la naturaleza desde la perspectiva biocéntrica y el concepto de cocreación (construir en conjunto, en mi caso con sistemas vivos). El hackeo pasa por la resignificación de los artefactos que utilizo (no en los términos de seguridad informática), corrompiéndolos para volverlos otra cosa. Hace un tiempo estoy trabajando con Emiliano Gentile que es con quien organizamos las actividades en Biohacking, construyendo estructuras de micelio mediante el cultivo de especies de hongos redirigidas.”

Pero a diferencia de otros que están con el biohacking su búsqueda no tiene nada que ve con implantarse chips en su cuerpo.

“Mi búsqueda artística no va por ese lado. Bioarte no es sólo eso, y agregarse artefactos en el cuerpo ya es un cliché bastante quemado en el arte. Si me interesan otros tipos de vinculaciones interespecie. Por ejemplo en estos momentos junto a Demián Ferrari estoy armando un robot cyborg que es manejado por un organismo vegetal que funciona como cerebro de la máquina y el ser vivo es quien determina el movimiento de acuerdo a sus necesitades biológicas. El robot se desplaza realizando cartografias ecológicas, dado que toma y visualiza a su andar, datos ambientales de contaminación invisibles, como niveles de CO2 en el aire que respiramos. Este proyecto fue seleccionado para el evento LAM°360 Land Art Mongolia, donde estoy viajando en estos días.”