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acoso laboral

Sufrí acoso laboral y NADIE me dio bola

Actualizada 31/08/2016 01:25

Le pasó a Anita. Un tipo de su laburo le cagó la vida. A ella nadie la ayudó y a él lo cambiaron de sucursal y le aumentaron el sueldo. MUCHA BRONCA!!!

Se llama Anita Lorileira y, aunque ese no es el nombre que figura en su DNI, todos le dicen así.

Anita tiene 27 años, estudia ingeniería en la facultad y sufrió acoso laboral.

Hasta principios de este año trabajó en una cadena de supermercados pero tuvo que irse porque uno de sus compañeros empezó a llamarla y escribirle insistentemente. Eso fue al principio.

Pero después la seguía por su barrio, se le aparecía en la puerta de la facultad y en la de su casa.

Llegó a llamarla borracho por teléfono, tocar el timbre de madrugada y a gritarle en el trabajo. Todo eso la decidió y fue a denunciarlo en la policía.

Pero no fue fácil.

"No me querían tomar la denuncia porque no había violencia. Estuve como 3 horas en la comisaría", cuenta Anita.

Finalmente, y tras mucha insistencia, logró que se la tomaran.

Si bien Anita ya había presentado quejas en su lugar de trabajo por el comportamiento de su acosador, la denuncia que hizo en la comisaría llegó directamente a la empresa, transformándose así en una comunicación oficial.

"Todos en el trabajo quedaron al tanto de la situación: jefes, gerencia, recursos humanos, etc. Hablaron con él, teóricamente para darle un ultimátum, y me dijeron que me quedara tranquila que la situación no se iba a repetir. Para mis compañeros era algo gracioso, un chiste... cualquier cosa que hacía me decían que a mi acosador le iba a gustar".

"MUCHAS TUVIERON PROBLEMAS CON ÉL", LE DECÍAN

El ambiente laboral era difícil de tolerar, pero lo peor que escuchó no fueron los chistes y las promesas incumplidas, sino enterarse de que ella no era la primera víctima de su compañero de trabajo:

"El supermercado ya había recibido quejas por este mismo tema por parte de otras empleadas. Cuando pasó todo, vino la policía a buscarlo al trabajo y de repente toda la gente que había tenido problemas me dijo 'ah sí, fulana tuvo problemas, mengana tuvo problemas'. Otra compañera me vino a contar que también le había pasado. La empresa les dijo lo mismo que me dijeron a mí: que no les convenía echarlo porque él tenía más antigüedad, ¿y a quién era más barato echar?".

A principios de este año, todo empeoró:

"El 20 de marzo el tipo me amenazó de muerte en mi lugar de trabajo. Me dijo que tenía que hacer una visita a mi casa y que íbamos a salir en Crónica porque íbamos a ser noticia".

A partir de ese momento y sabiendo que desde la empresa no iban a tomar cartas en el asunto, empezó el recorrido para buscar a alguien que le diera una respuesta.

"Ese día me fui del trabajo con un ataque de nervios a la comisaría de la mujer a hacer la denuncia", relata Anita.

POLICÍA, SINDICATO, ART Y EMPRESA, NI 5 DE BOLA

La denuncia se la tomaron, esta vez sin problemas, y le pidieron que fuera al día siguiente a ver a la psicóloga de la comisaría.

Se supone que una psicóloga de la comisaría de la mujer está preparada para tratar temas de acoso, abuso y violencia de género, pero Anita cuenta que la respuesta que le dio estuvo muy alejada de eso:

"Me dijo que debería hacer terapia para ver con relación a mi infancia por qué la situación me angustia tanto".

También fue al sindicato, donde le dijeron que la solución era "cagarlo a trompadas" pero que le podían dar turno para ver a un psiquiatra dentro de dos meses.

El mismo día fue a hacer la denuncia a la ART, donde la médica le dio licencia hasta que alguien la evaluara, pero después de un tiempo, decidieron no hacerse cargo porque era "un incidente, no un accidente".

El camino de denuncias no terminó ahí: el proceso fue largo y doloroso. Anita fue a hablar nuevamente con el sector de Recursos Humanos de su empresa en donde tuvo una breve charla en la que no le ofrecieron ninguna solución.

"Me dijeron que como no me pegó, no pueden hacer nada. Que él tiene problemas con el alcohol. Y que si fuera tan fácil, podrían hacer algo".

EN LA JUSTICIA SE LAVARON LAS MANOS!!!!

Después de un tiempo de no tener respuestas, fue a Tribunales a ver en qué estado estaba la denuncia:

"Después de hacerme pasear por todo el edificio me dijeron que mi denuncia cayó en el juzgado número 6 de familia".

El juez se declaró incompetente. No era un caso para un juez de familia y tampoco llegaba a ser penal, porque no hubo agresión.

En el supermercado pidió licencia psicológica, pero se la rechazaron. Y empezó a ir a una psiquiatra particular. La empresa respondió las cartas documento diciendo que no aceptaba todas las acusaciones por fraudulentas.

La vida de Anita cambió radicalmente: necesita pastillas para poder dormir, se tuvo que ir de su departamento (que alquilaba y donde vivía sola) porque su acosador aparecía borracho constantemente en la mitad de la noche, perdió su trabajo y tiene que ir a todos lados acompañada por las dudas (especialmente a la facultad, donde cursa a la noche).

¿Y el acosador? Él nunca dejó de trabajar, y no solo eso:

"A mí me avisó una de las delegadas que finalmente lo ascendieron y lo trasladaron, pero fue una comunicación informal, por carta documento nunca se comunicaron para decirme nada".

Es decir, que gracias a todas las denuncias, el acosador obtuvo a cambio un aumento de sueldo y un trabajo mejor.

Anita hoy está a espera del juicio, pero tuvo que empezar de nuevo: mudarse, conseguir otro trabajo y de a poco ir perdiendo el pánico de salir a la calle sola.